Trastornos de la conducta alimentaria

Los trastornos de la conducta alimentaria son enfermedades psiquiátricas que alteran de manera persistente la alimentación o las conductas asociadas a ella, y que pueden comprometer la salud física, el funcionamiento y la vida de la persona. No se explican por vanidad, por falta de disciplina ni por una decisión de comer de otro modo.

11 min de lecturaRevisada: 24 de agosto de 2026Adultos

Qué cuadros incluye este grupo

Los más conocidos son la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa y el trastorno por atracones, pero el grupo es más amplio: también forman parte de él el trastorno evitativo o restrictivo de la ingesta de alimentos (ARFID) y los trastornos alimentarios especificados de otra manera. No todos se organizan alrededor del miedo a subir de peso o de la imagen corporal.

En la anorexia nerviosa existe una restricción de la ingesta que conduce a un peso significativamente bajo para esa persona, acompañada de miedo intenso a aumentar de peso o de conductas persistentes que interfieren con la recuperación. En la bulimia aparecen atracones recurrentes seguidos de conductas compensatorias: vómitos provocados, ayuno, ejercicio compensatorio o uso inapropiado de medicamentos. En el trastorno por atracones hay episodios recurrentes de ingesta con pérdida de control, sin las conductas compensatorias regulares de la bulimia.

Cómo puede presentarse

No existe una apariencia física que permita reconocer un trastorno alimentario. Algunas personas tienen bajo peso, otras se mantienen en rangos considerados habituales y otras viven con sobrepeso u obesidad.

La sospecha aumenta ante restricciones cada vez más rígidas, eliminación progresiva de alimentos, atracones con pérdida de control, vómitos provocados, uso de laxantes o diuréticos para controlar el peso, ejercicio compulsivo, miedo intenso a subir de peso, o una preocupación por la comida, el peso y la figura que ocupa buena parte del día.

Pueden aparecer además mareos, desmayos, debilidad, intolerancia al frío, alteraciones menstruales, síntomas gastrointestinales, aislamiento social y evitación de las comidas compartidas. En el ARFID, en cambio, la restricción obedece a baja apetencia, a la sensibilidad frente a determinadas características de los alimentos o al miedo a las consecuencias de comer, sin una preocupación central por el peso o la figura.

La gravedad no se mide solo con el peso

El peso y su trayectoria son datos importantes, pero la gravedad depende también de la velocidad de la pérdida, de la restricción nutricional, de las purgas, de la hidratación, de los signos vitales, de los electrolitos, de la función cardíaca, de las comorbilidades médicas y psiquiátricas y del riesgo suicida.

Una persona puede estar médicamente inestable aunque su índice de masa corporal no parezca extremadamente bajo. Y la bulimia y el trastorno por atracones producen complicaciones importantes sin que exista bajo peso. Por eso las guías desaconsejan usar un umbral aislado de peso o de IMC como criterio único para decidir un ingreso hospitalario.

Cómo se evalúa

La evaluación revisa la historia de peso y de alimentación, los cambios recientes, la restricción, los atracones, las purgas, el ejercicio, el uso de medicamentos con fines de control de peso y la repercusión social, académica o laboral.

Se exploran también depresión, ansiedad, TOC, consumo de sustancias, autolesiones y riesgo suicida. El examen físico incluye peso, signos vitales y búsqueda de signos de malnutrición o de purgas. Según el cuadro pueden solicitarse hemograma, electrolitos, función renal y hepática, glucosa, fósforo, magnesio y otros estudios.

Un electrocardiograma puede ser necesario cuando hay restricción importante, purgas frecuentes, alteraciones electrolíticas, síntomas cardiovasculares o medicamentos capaces de alterar la conducción cardíaca.

Cómo se trata

El tratamiento se adapta al diagnóstico, a la gravedad médica y psiquiátrica, a la edad, al funcionamiento y a las preferencias de la persona. Con frecuencia exige coordinación entre salud mental, medicina y nutrición.

En la anorexia nerviosa, la rehabilitación nutricional y la recuperación de un estado nutricional seguro son parte central del tratamiento, junto con una psicoterapia específica para trastornos alimentarios. Los medicamentos no reemplazan ninguna de las dos.

En la bulimia nerviosa, la terapia cognitivo-conductual focalizada en el trastorno alimentario es uno de los tratamientos principales. Determinados antidepresivos pueden emplearse como parte del tratamiento en adultos, pero tampoco sustituyen la intervención psicológica y nutricional.

En el trastorno por atracones, la autoayuda guiada y algunas psicoterapias específicas, entre ellas la terapia cognitivo-conductual focalizada, tienen respaldo. Su objetivo es reducir los episodios y la pérdida de control, y no debe confundirse con imponer una dieta cada vez más restrictiva.

Realimentación y malnutrición importante

Cuando existe malnutrición significativa, la recuperación nutricional puede requerir supervisión médica estrecha. En algunas personas de alto riesgo, una realimentación demasiado rápida o sin monitorización puede desencadenar alteraciones del fósforo, del potasio, del magnesio y de los fluidos, capaces de producir complicaciones cardíacas, neurológicas o respiratorias.

Esto no significa retrasar la alimentación. Significa que el plan nutricional y su monitorización deben ajustarse al riesgo clínico y que, cuando no pueden llevarse a cabo con seguridad de manera ambulatoria, corresponde un nivel de cuidados más intensivo.

Qué puede hacer la familia

La familia suele advertir cambios en la alimentación, el peso, el ejercicio y la conducta que la persona minimiza o no percibe como problemáticos. Es preferible describir observaciones concretas antes que discutir sobre apariencia, voluntad o culpa.

Los comentarios constantes sobre peso, figura, calorías o aspecto físico no son tratamiento y suelen aumentar la tensión. En adolescentes y adultos jóvenes, en cambio, la participación activa de los cuidadores puede formar parte de intervenciones específicas.

Recuperación y seguimiento

La recuperación toma tiempo y rara vez es lineal. Recuperar peso o disminuir los atracones no significa que hayan desaparecido el miedo, la rigidez, la evitación o la preocupación que sostienen el trastorno.

El seguimiento revisa la salud física, la alimentación, las conductas compensatorias, los síntomas psiquiátricos y el funcionamiento. Identificar con anticipación las señales personales de recaída permite intervenir antes.

Cuándo buscar atención urgente

Algunos trastornos alimentarios requieren evaluación médica urgente

  • Desmayo, dolor torácico, palpitaciones importantes, debilidad extrema, confusión o deterioro agudo del estado general.
  • Deshidratación importante, vómitos repetidos, incapacidad para mantener la ingesta o sospecha de alteraciones graves de electrolitos.
  • Pérdida de peso rápida acompañada de signos de inestabilidad médica o de malnutrición significativa.
  • Ideas suicidas con intención o planificación, conducta suicida o autoagresiones relevantes.
  • Complicaciones durante una realimentación: edema importante, debilidad marcada, alteración de conciencia, dificultad respiratoria o síntomas cardíacos.

Preguntas frecuentes

¿Se puede tener un trastorno alimentario con un peso normal?

Sí. El peso por sí solo no confirma ni descarta el diagnóstico. La evaluación considera las conductas, los cambios de peso, la repercusión física y psicológica y otros riesgos.

¿La anorexia se trata solo haciendo que la persona coma?

No. La rehabilitación nutricional es imprescindible cuando hay malnutrición, pero debe integrarse con tratamiento psicológico y con evaluación médica y psiquiátrica.

¿Los atracones son simplemente falta de autocontrol?

No. El trastorno por atracones es un cuadro clínico definido y tratable. Reducirlo a un problema de voluntad aumenta el estigma y retrasa la consulta.

Fuentes principales

Fuentes utilizadas para la revisión clínica de esta guía. La bibliografía se actualizará cuando cambien recomendaciones relevantes.

  1. American Psychiatric Association. Practice Guideline for the Treatment of Patients With Eating Disorders, cuarta edición, 2023
  2. NICE. Eating disorders: recognition and treatment (NG69)
Cómo citar este recurso

Jonathan Alarcón C., ed. Trastornos de la conducta alimentaria. Docencia en Psiquiatría. Revisión 24 de agosto de 2026. https://portal-docencia-psiquiatria-uc-hlf.pages.dev/pacientes/guias/trastornos-de-la-conducta-alimentaria/

Edición del proyectoJonathan Alarcón C.
Última revisión24 de agosto de 2026
EstatusMaterial educativo