Qué es una crisis de pánico
Una crisis de pánico es la aparición súbita de miedo o malestar intenso que alcanza su máxima intensidad en pocos minutos.
Puede acompañarse de palpitaciones, sudoración, temblor, sensación de falta de aire, opresión o dolor en el pecho, náuseas, mareo, hormigueos, escalofríos, sensación de irrealidad y miedo a morir, a desmayarse o a perder el control.
La intensidad de estas sensaciones es tal que resulta razonable pensar en un infarto, una arritmia, una crisis respiratoria o un problema neurológico. Precisamente por eso el diagnóstico no puede hacerse reconociendo una lista de síntomas y nada más.
Crisis de pánico no es lo mismo que trastorno de pánico
Una crisis puede presentarse en distintos trastornos de ansiedad, en una depresión, en un trastorno de estrés postraumático, asociada al consumo de sustancias o incluso de manera aislada, en una persona sin ningún diagnóstico previo.
El trastorno de pánico es otra cosa: supone crisis recurrentes e inesperadas seguidas de una preocupación persistente por que se repitan, o de cambios relevantes de conducta destinados a evitarlas.
Ese miedo anticipatorio es el que lleva a dejar el transporte público, los centros comerciales, el ejercicio, los lugares cerrados o cualquier situación en que la persona teme no poder escapar o no recibir ayuda a tiempo. Cuando la evitación crece hasta organizar la vida cotidiana, puede coexistir una agorafobia.
Qué otras causas deben considerarse
No toda primera crisis con palpitaciones o falta de aire es un ataque de pánico.
Según la edad, los antecedentes y las características del episodio, puede ser necesario descartar arritmias y otras causas cardiovasculares, enfermedades respiratorias, hipertiroidismo, hipoglicemia u otras alteraciones metabólicas.
La cafeína en dosis altas, los estimulantes, el cannabis y otras sustancias también pueden desencadenar una ansiedad intensa. Y la abstinencia de alcohol o de benzodiacepinas produce ansiedad y síntomas autonómicos que, en algunos casos, constituyen una urgencia médica.
Nada de esto significa que todas las personas necesiten los mismos exámenes. Es la evaluación clínica la que determina qué estudios tienen sentido.
Cómo se evalúa
La evaluación reconstruye cómo empezó el episodio, cuánto duró, qué síntomas aparecieron, si ocurrió de manera inesperada o frente a una situación determinada, cuántas veces se ha repetido y hasta qué punto ha cambiado la conducta de la persona desde entonces.
Se pregunta además por consumo de sustancias, medicamentos, antecedentes médicos, otras formas de ansiedad, depresión y riesgo suicida. Los estudios complementarios se solicitan cuando hay razones clínicas para descartar una causa física.
Cómo se trata el trastorno de pánico
La terapia cognitivo-conductual es una de las intervenciones con mejor respaldo. Trabaja sobre la interpretación catastrófica de las sensaciones corporales, sobre las conductas de evitación y sobre la exposición progresiva a las sensaciones y situaciones temidas.
Cuando está indicado un tratamiento farmacológico se emplean los ISRS y algunos otros antidepresivos. Su beneficio no es inmediato: puede tardar varias semanas en instalarse.
Las benzodiacepinas alivian la ansiedad con rapidez, pero NICE recomienda no utilizarlas como tratamiento del trastorno de pánico, por sus peores resultados a largo plazo y por sus riesgos de tolerancia, dependencia y dificultades de suspensión.
Reducir la cafeína u otros estimulantes es útil cuando contribuyen al problema. Ahora bien, el tratamiento no consiste en evitar toda situación capaz de producir sensaciones corporales: la evitación excesiva es justamente uno de los mecanismos que mantienen el trastorno.
Qué hacer durante una crisis conocida
Cuando la persona ya fue evaluada y reconoce el patrón típico de sus crisis, ayuda recordar que los síntomas alcanzan un máximo y luego ceden. Permanecer en un lugar seguro, reducir la estimulación del entorno y evitar una respiración rápida y profunda suele hacer más llevadero el episodio.
Esto no debe usarse para desestimar síntomas físicos nuevos o distintos de los habituales. Quien tiene un diagnóstico de pánico puede presentar, además, una enfermedad médica independiente.
Respirar dentro de una bolsa de papel no se recomienda como estrategia general: puede ser peligroso si la dificultad respiratoria obedece a otra causa.
Cuándo buscar atención urgente
- No conviene atribuir al pánico un dolor torácico nuevo o diferente, un desmayo, un déficit neurológico, una dificultad respiratoria importante ni ningún otro signo médico que no haya sido evaluado.
Requieren también valoración urgente la intoxicación o abstinencia grave, el compromiso de conciencia, la agitación importante, las ideas suicidas con intención o planificación, y los episodios que se apartan claramente de las crisis habituales en una persona previamente evaluada.
Preguntas frecuentes
¿Una crisis de pánico puede durar horas?
La fase de máxima intensidad suele ser breve. La ansiedad residual, el cansancio y la hipervigilancia que la siguen pueden durar bastante más.
¿Tener una crisis significa tener trastorno de pánico?
No. Una crisis aislada puede aparecer en muchos contextos. El trastorno de pánico exige un patrón recurrente y consecuencias persistentes, como la preocupación anticipatoria o la evitación.
¿Se trata solo con medicamentos?
No. La terapia cognitivo-conductual es uno de los tratamientos principales, y los medicamentos resultan útiles en determinados casos.
Fuentes principales
Fuentes utilizadas para la revisión clínica de esta guía. La bibliografía se actualizará cuando cambien recomendaciones relevantes.
- NICE. Generalised anxiety disorder and panic disorder in adults: management (CG113) · reconocimiento y manejo del trastorno de pánico
Jonathan Alarcón C., ed. Crisis de pánico. Docencia en Psiquiatría. Revisión 24 de agosto de 2026. https://portal-docencia-psiquiatria-uc-hlf.pages.dev/pacientes/guias/crisis-de-panico/