Siglos XV–XVII · Historia de la Medicina · Brujería · Historia Conceptual

Renacimiento y primera Edad Moderna: medicina, demonología y nuevas concepciones de la mente

Entre los siglos XV y XVII no hubo un reemplazo súbito de la demonología por la ciencia: cambiaron, con lentitud, la medicina, las teorías del cuerpo y las maneras de pensar la mente, la responsabilidad y la enfermedad.

Un período mal contado

El Renacimiento y la primera Edad Moderna aparecen en las historias simplificadas como el tránsito entre una Edad Media supersticiosa y una modernidad científica. La documentación describe algo bastante menos ordenado. Anatomía, filosofía natural, medicina humoral, astrología, demonología, derecho y teología convivieron y se influyeron mutuamente durante dos siglos.

Un dato cronológico basta para desarmar el relato: las grandes persecuciones europeas por brujería alcanzaron su máxima intensidad justamente en los siglos XVI y XVII, los mismos en que médicos y juristas empezaron a construir argumentos naturalistas sobre la conducta y a discutir con más precisión las relaciones entre enfermedad, imaginación, engaño, responsabilidad y causalidad sobrenatural.

Brujería y enfermedad mental: dos categorías distintas

La historiografía psiquiátrica antigua tendió a releer las acusaciones de brujería como persecución de personas que en realidad estaban enfermas. La tesis puede ser cierta en casos individuales, pero no explica el fenómeno.

Las persecuciones dependieron de sistemas jurídicos, conflictos confesionales, creencias demonológicas, relaciones vecinales, género, pobreza, reputación y coyunturas políticas. La acusación de brujería era una categoría social y penal precisa, no un diagnóstico médico defectuoso. Y las sociedades de la época sabían distinguir entre locura, melancolía, posesión y brujería, aunque las fronteras no siempre fueran estables.

La relación entre la historia de la psiquiatría y la caza de brujas debe estudiarse, entonces, en los puntos donde medicina, capacidad, responsabilidad y demonología efectivamente se cruzaron, y no mediante una equivalencia global entre bruja y paciente psiquiátrica.

Johann Wier, sin convertirlo en psiquiatra

Johann Wier o Weyer (1515–1588), médico de origen brabanzón, publicó en 1563 De praestigiis daemonum, una de las intervenciones más influyentes en los debates europeos sobre demonología y persecución. Sostuvo que muchas mujeres acusadas eran débiles, melancólicas o víctimas de engaños demoníacos, y que no debían recibir la pena capital. Reclamó un papel para el médico en la evaluación y reunió historias de casos y observaciones clínicas.

Las historias profesionales lo ascendieron a primer psiquiatra y a precursor directo de la explicación científica de la enfermedad mental. El trabajo reciente de Michaela Valente permite una lectura más exacta. Wier seguía instalado en la demonología cristiana: no negaba la existencia de los demonios y distinguía entre formas de magia y grados de responsabilidad. Su argumento contra la ejecución de las acusadas combinaba medicina, teología, derecho y una teoría de la ilusión demoníaca.

Jennifer Radden ha señalado además que su tratamiento de la melancolía, comparativamente compasivo, venía acompañado de supuestos teológicos y de concepciones de género propias de su tiempo. Abandonar el mito del psiquiatra adelantado no le resta interés histórico. Se lo aumenta, porque deja ver cómo un argumento médico nuevo podía desarrollarse dentro de un sistema intelectual que seguía admitiendo entidades sobrenaturales.

La melancolía como categoría médica y cultural

Durante los siglos XVI y XVII la melancolía mantuvo una extensión semántica difícil de exagerar. Seguía ligada a la teoría humoral y podía designar, además, una disposición temperamental, una experiencia religiosa, un sufrimiento moral, una condición intelectual y una enfermedad.

The Anatomy of Melancholy, de Robert Burton, publicada en 1621 y ampliada por su autor en sucesivas ediciones hasta la póstuma de 1651, ilustra esa amplitud mejor que ningún otro libro. Burton reunió medicina clásica, observación contemporánea, filosofía, literatura y teología en una obra que no se deja clasificar como tratado psiquiátrico. Para la historia conceptual vale precisamente por eso: muestra que la melancolía circulaba con naturalidad entre campos que la especialización médica posterior separaría.

Traducir toda melancolía tempranomoderna como depresión borra esa pluralidad. Algunas descripciones pueden ser compatibles con estados depresivos graves. Otras pertenecen a dominios enteramente distintos.

Anatomía, nervios, cerebro

El humoralismo no murió con el Renacimiento. Convivió durante mucho tiempo con los nuevos desarrollos anatómicos, mecánicos y neurofisiológicos. De humani corporis fabrica, de Vesalio, transformó la anatomía en 1543 sin producir por ello ninguna teoría psiquiátrica nueva.

En el siglo XVII, Thomas Willis contribuyó a poner el cerebro y los nervios en el centro de las explicaciones de las funciones mentales y de sus enfermedades. En su Cerebri anatome (1664) aparece el neologismo griego neurologia, que suele citarse como acta de nacimiento de la palabra; la atribución se ha matizado después, porque el término latino circulaba ya en la obra de Jean Riolan el Joven, y en cualquier caso pasaría casi dos siglos sin uso corriente. Lo que sí se difundió con rapidez fue el vocabulario de nervios, fibras, espíritus animales y mecanismos cerebrales, que se fue incorporando a teorías rivales del humoralismo o mezcladas con él.

El cambio importó para lo que vendría después, porque permitió pensar con más fuerza que los trastornos del pensamiento, del afecto o de la conducta podían depender del sistema nervioso. Las teorías concretas, eso sí, seguían siendo muy distintas de cualquier neurociencia.

Del alma a la mente

Kendler, Tabb y Wright han propuesto que la emergencia de la psiquiatría occidental entre 1650 y 1850 dependió de la convergencia de tres procesos: la formación de una concepción de la mente dotada de facultades activas, situada conceptualmente entre el cuerpo y el alma cristiana; el desplazamiento desde las explicaciones humorales hacia el cerebro y los nervios; y el desarrollo de instituciones especializadas que expusieron a los médicos a grandes poblaciones de personas consideradas insanas.

La tesis es útil como reconstrucción de condiciones de posibilidad, no como secuencia universal. En la primera Edad Moderna, alma, mente, cuerpo, imaginación, memoria, razón y pasiones no tenían los límites que hoy les damos. Su lenta reorganización hizo posible que en el siglo XVIII las expresiones equivalentes a enfermedad mental adquirieran un sentido médico más estable.

La psiquiatría no podía surgir solo porque existieran personas con alteraciones mentales. Hacía falta además un objeto conceptual, la mente susceptible de alteración, una autoridad profesional en ascenso y lugares donde esa alteración pudiera observarse y clasificarse de manera sistemática.

Una falsa oposición

Wier ejemplifica una regla más general. Un médico podía aceptar demonios y buscar causas naturales al mismo tiempo. Un teólogo podía recurrir a explicaciones médicas para ciertos estados. El argumento naturalista no implicaba secularización, y la creencia religiosa no excluía la observación clínica.

La frontera moderna entre ciencia y religión es producto de procesos posteriores. Aplicarla con rigidez al siglo XVI fabrica personajes que nunca existieron: científicos adelantados a su tiempo enfrentados a supersticiosos que encarnarían el pasado. Los actores reales combinaban, sin sentir contradicción, elementos que hoy clasificaríamos en dominios separados.

Qué cambia realmente entre 1500 y 1700

La psiquiatría no nace todavía. Sí cambian varias condiciones intelectuales y profesionales que serán decisivas. La imprenta acelera las controversias. La anatomía y la filosofía natural reformulan el cuerpo. El cerebro y los nervios ganan peso explicativo. La melancolía se convierte en un objeto médico y cultural extraordinariamente elaborado. Los médicos entran en los debates sobre responsabilidad y brujería. Y las facultades mentales empiezan a conceptualizarse de maneras que abrirán la puerta a lo que sigue.

Ninguno de esos procesos converge del todo antes de los siglos XVIII y XIX, cuando el alienismo y el asilo aporten una comunidad profesional y una población clínica específica.

Qué hereda la psiquiatría de este período

El Renacimiento y la primera Edad Moderna no fueron una etapa de desencantamiento de la locura, sino un período de coexistencia y de reorganización de saberes. La demonología no desapareció cuando llegó la anatomía. El humoralismo no fue barrido por las teorías nerviosas. Y la medicina pudo usarse dentro de marcos teológicos sin escándalo de nadie.

La importancia del período reside menos en supuestos fundadores individuales que en la lenta construcción de objetos nuevos: cerebro, nervios, facultades mentales, responsabilidad, enfermedad. Sobre esa transformación se apoyará, más tarde, el nacimiento del alienismo.

Referencias seleccionadas

  1. Valente M. Johann Wier: Debating the Devil and Witches in Early Modern Europe. Amsterdam: Amsterdam University Press; 2022.
  2. Radden J, ed. The Nature of Melancholy: From Aristotle to Kristeva. New York: Oxford University Press; 2000.
  3. Kendler KS, Tabb K, Wright J. The emergence of psychiatry: 1650–1850. Am J Psychiatry. 2022;179(5):329–335. doi:10.1176/appi.ajp.21060614.
  4. Burton R. The Anatomy of Melancholy. Oxford; 1621 (fuente primaria; múltiples ediciones posteriores).
  5. Midelfort HCE. Witch Hunting in Southwestern Germany, 1562–1684: The Social and Intellectual Foundations. Stanford: Stanford University Press; 1972.
Cómo citar este recurso

Jonathan Alarcón C., ed. Renacimiento y primera Edad Moderna: medicina, demonología y nuevas concepciones de la mente. Docencia en Psiquiatría. Revisión 24 de agosto de 2026. https://portal-docencia-psiquiatria-uc-hlf.pages.dev/historia/renacimiento-primera-edad-moderna/

SerieHistoria de la Psiquiatría
Edición del proyectoJonathan Alarcón C.
Última revisión24 de agosto de 2026