La enseñanza antes de una cátedra estable
La docencia sobre enfermedades mentales tuvo antecedentes en la propia Casa de Orates. Ramón Elguero impartió enseñanza durante la década de 1860 y en 1869 aparece un curso dedicado a estas materias, de modo que la formación dependía todavía de médicos individuales y de un hospital que funcionaba a la vez como lugar asistencial, observatorio clínico y espacio docente.
Ninguna fecha aislada resume esa institucionalización. Carlos Sazié Heredia, cuyo paso por la Casa de Orates se examinó en el artículo anterior, reanudó en 1880 un curso voluntario y fue nombrado profesor de enfermedades mentales y nerviosas en septiembre de 1881; enseñó en el asilo hasta 1884 y continuó después en los hospitales San Juan de Dios y San Vicente de Paul hasta su destitución universitaria, tras la guerra civil de 1891. La secuencia muestra una docencia real y todavía inestable, dependiente de personas, de hospitales y de coyunturas políticas.
Orrego Luco y la clínica neuropsiquiátrica
Augusto Orrego Luco combinó docencia, clínica, escritura y vida pública. Tras la salida de Sazié ganó en 1892 el concurso para la cátedra de Enfermedades Nerviosas, dentro de un campo cuya frontera con las enfermedades mentales seguía siendo porosa. Su enseñanza se apoyaba en la observación clínica y abordaba fenómenos que hoy repartiríamos entre neurología, psiquiatría y psicopatología, de modo que su importancia reside menos en inaugurar una disciplina desde cero que en darle continuidad y visibilidad académica.
Tras su renuncia en 1906, Joaquín Luco asumió la enseñanza y fue diferenciando ambas áreas. Conviene distinguir dos momentos: hacia 1925, al retirarse Luco, Óscar Fontecilla y Hugo Lea Plaza quedaron confirmados en Psiquiatría y Neurología respectivamente, y en 1927 la Facultad de Medicina formalizó la división de la antigua cátedra única en dos independientes. Más que una ruptura instantánea, fue la institucionalización de una separación que llevaba años practicándose.
El hospital se vuelve centro profesional
La profesionalización transformó también la administración del antiguo asilo. Jerónimo Letelier Grez, que había ingresado como interno en 1895 y recorrido diversos cargos técnicos, fue director interino en 1931 y titular en 1932, y se convirtió así en el primer médico que encabezó formalmente el establecimiento. El cambio simbolizó el aumento de la autoridad clínica sin resolver por sí mismo el hacinamiento ni la cronicidad. Letelier participó además en la diferenciación interna de servicios, en la formación de personal y en el Reglamento General de Insanos de 1927.
La institución cambió de nombre y de organización en varias etapas, y no mediante una conversión única de asilo a hospital. Hacia 1920 se distinguieron dentro del establecimiento un Hospital Psiquiátrico para ingresos agudos y de observación, un Manicomio para pacientes crónicos o judiciales y un Asilo de Temperancia. Desde 1929 se generalizó la denominación de Manicomio Nacional; en 1927 la sección docente quedó asociada a la Clínica Universitaria de Psiquiatría, y hacia 1956 el conjunto pasó a llamarse Hospital Psiquiátrico. Cada cambio de nombre expresó aspiraciones de reorganización clínica sin eliminar automáticamente las funciones custodiales.
Matte Blanco: universidad y psicoanálisis
Ignacio Matte Blanco regresó a Chile en 1944, después de su formación psicoanalítica británica y de una etapa en Estados Unidos. Impulsó el Centro de Estudios Psicoanalíticos, que en 1949 se transformó en la Asociación Psicoanalítica Chilena, aceptada por la Asociación Psicoanalítica Internacional, y ese mismo año fue elegido profesor titular de Psiquiatría de la Universidad de Chile y director de su Clínica Psiquiátrica. Su llegada consolidó una corriente psicodinámica con fuerte presencia universitaria, sin convertir al psicoanálisis en la única tradición de la especialidad.
Su influencia excedió la teoría. Matte propuso una docencia menos apoyada en clases expositivas y más vinculada a la práctica clínica, la psicología médica, la dinámica de grupos y la formación humanística, y quería que la psiquiatría resultara útil al médico general y estuviera distribuida a lo largo del currículo. La historia posterior de esas reformas fue discontinua, y varias de sus ideas reaparecieron décadas después en los programas de formación médica.
Sociedades, revistas y una comunidad disciplinaria
Las sociedades y las revistas consolidaron una comunidad que ya existía de hecho antes de adquirir forma jurídica. En 1930 se organizó la Sociedad de Neurología, Psiquiatría y Medicina Legal; en 1946 adoptó la denominación de Sociedad de Neurología, Psiquiatría y Neurocirugía de Chile, y en 1952 obtuvo personalidad jurídica. La secuencia es reveladora, porque las fronteras entre neurología, psiquiatría, medicina legal y neurocirugía se estabilizaron progresivamente y no por una separación súbita.
Profesionalizar significa exactamente eso: transformar un conjunto de médicos interesados en la locura en una comunidad con puestos universitarios, itinerarios de formación, sociedades, publicaciones y controversias internas. Las escuelas chilenas del siglo XX fueron el resultado de esa infraestructura y no su punto de partida.
Una especialidad nacional, no una escuela única
La psiquiatría chilena adquirió identidad profesional al mismo tiempo que se diversificaba. El psicoanálisis, la fenomenología, la psiquiatría biológica, la epidemiología y la salud mental comunitaria convivieron y compitieron por definir qué debía enseñarse y qué clase de conocimiento tenía mayor valor.
Esa pluralidad importa históricamente más que decidir cuál fue la verdadera escuela chilena. Una profesión madura se reconoce, entre otras cosas, porque puede sostener desacuerdos dentro de instituciones compartidas.
Referencias seleccionadas
- Biblioteca Nacional de Chile. Augusto Orrego Luco y su carrera en la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile. Memoria Chilena.
- Biblioteca Nacional de Chile. Neuropsiquiatría. Memoria Chilena.
- Ojeda C. Ignacio Matte Blanco, Armando Roa Rebolledo y Juan Marconi Tassara: tres creadores en la psiquiatría chilena. Rev Chil Neuro-Psiquiatr. 2001;39(3):183–194. doi:10.4067/S0717-92272001000300002.
- Florenzano R. Docencia universitaria y psicoanálisis: los aportes de Ignacio Matte Blanco. Rev Med Chile. 2009;137(9):1235–1247. doi:10.4067/S0034-98872009000900016.
- Escobar E. Jerónimo Letelier Grez (1873–1934): primer médico director de la Casa de Orates. Rev Chil Neuro-Psiquiatr. 2005;43(3):239–242. doi:10.4067/S0717-92272005000300010.
- Sociedad de Neurología, Psiquiatría y Neurocirugía de Chile. La Sociedad de Neurología, Psiquiatría y Neurocirugía que nos legaron. Rev Chil Neuro-Psiquiatr. 2009;47(4):257–258.
- Las publicaciones psiquiátricas nacionales y sus autores en 150 años de la especialidad: los primeros cincuenta años (1852–1902). Rev Chil Neuro-Psiquiatr. 2014;52(4).
- Escobar E. Carlos Sazié Heredia, segundo profesor de neurología y enfermedades mentales en Chile (1852–1921). Rev Chil Neuro-Psiquiatr. 2001;39(2):165–166.
- Escobar E. Joaquín Luco Arriagada (1870–1945). Rev Chil Neuro-Psiquiatr. 2002;40(2).
- Medina E. De Manicomio Nacional a Hospital Psiquiátrico. Rev Chil Neuro-Psiquiatr. 2001;39(1):78–81. doi:10.4067/S0717-92272001000100021.
Jonathan Alarcón C., ed. Profesionalización, cátedras y corrientes de la psiquiatría chilena en los siglos XIX y XX. Docencia en Psiquiatría. Revisión 26 de agosto de 2026. https://portal-docencia-psiquiatria-uc-hlf.pages.dev/historia/profesionalizacion-catedras-y-corrientes-de-la-psiquiatria-chilena-en-los-siglos-xix-y-xx/