Antigüedad · Historia Conceptual · Trastornos Afectivos

Melancolía y manía en la medicina grecorromana

Que las palabras “melancolía” y “manía” hayan sobrevivido no implica que las categorías antiguas correspondan a la depresión y la manía contemporáneas.

Dos palabras muy antiguas

Melancolía y manía son de los términos más longevos de la medicina occidental, y por haber sobrevivido crean una ilusión de continuidad difícil de resistir. Los textos antiguos describen estados que al clínico le resultan familiares, y la familiaridad invita a completar el resto. Pero esas categorías eran más amplias que las nuestras, estaban integradas a otras teorías del cuerpo y ocupaban un lugar distinto en la clasificación.

La tarea historiográfica no consiste en demostrar que los antiguos ya conocían el trastorno depresivo mayor o el trastorno bipolar. Consiste en reconstruir cómo usaron esos conceptos y por qué transformaciones pasaron antes de llegar a los nuestros.

No hay una psiquiatría hipocrática

El Corpus Hippocraticum contiene referencias al miedo, al abatimiento, a la agitación, a la alteración de la conciencia y al comportamiento anormal, pero no ofrece una clasificación psiquiátrica unitaria. Los textos proceden de autores y momentos distintos y emplean vocabularios que no siempre concuerdan entre sí.

Un aforismo muy citado asocia la persistencia del miedo y el abatimiento con un estado melancólico. La formulación demuestra que ciertos afectos prolongados formaban parte de la descripción de melancholia; no alcanza para identificarla con la depresión moderna. En otros pasajes, la melancolía incluye ideas fijas, perturbaciones del juicio, agitación y síntomas somáticos.

La bilis negra

Melancholia remite a melaina cholé, bilis negra. Con el desarrollo de las teorías humorales, ese humor se incorporó a explicaciones de la constitución, el temperamento y la enfermedad. El humoralismo antiguo tampoco fue un sistema fijo: sus formulaciones cambiaron entre los textos hipocráticos, Galeno y la medicina posterior.

Era una teoría fisiológicamente falsa y notablemente coherente. Vinculaba alimentación, estaciones, edad, constitución y síntomas en un solo esquema, y esa capacidad integradora explica en buena medida su duración.

A esa trayectoria médica se sumó otra, cultural. El Problema XXX.1 del corpus pseudoaristotélico se abre preguntando por qué los hombres excepcionales en filosofía, política o poesía resultan ser melancólicos. La pregunta tendría una descendencia larga: alimentó la imagen renacentista del melancólico genial y muestra que el concepto desbordó tempranamente el terreno médico.

Mania no es episodio maníaco

El término tuvo usos médicos, religiosos, filosóficos y literarios. En el Fedro, Platón distingue formas de mania de origen divino, la profética, la ritual, la poética y la erótica, que no son enfermedad en ningún sentido. En medicina, la palabra designaba perturbaciones prolongadas de la razón, excitación o conducta anormal, con una extensión bastante mayor que la manía contemporánea.

La medicina antigua distinguía además otros estados. Phrenitis se asociaba a fiebre y perturbación aguda; lethargus, a somnolencia y alteración de la conciencia; mania tendía a reservarse para cuadros sin ese patrón febril. Las divisiones no coinciden con las actuales, pero muestran que los médicos antiguos no metían toda alteración conductual en un solo saco.

De ahí que la afirmación “los griegos describieron el trastorno bipolar” resulte demasiado fuerte. Describieron estados llamados manía y melancolía y observaron relaciones entre ellos; la entidad nosológica bipolar es mucho más tardía.

Areteo y el vínculo entre melancolía y manía

Areteo de Capadocia, probablemente activo en el siglo II d. C., dejó algunas de las descripciones más detalladas de ambas categorías. Consideró que la melancolía podía ser el comienzo o una parte de la manía, y describió transiciones entre uno y otro estado.

Esa observación lo convirtió, en muchas historias, en el descubridor del trastorno bipolar. La cuestión está lejos de zanjada. Angst y Marneros lo destacan como antecedente remoto de la bipolaridad; Godderis, tras una lectura filológica y psiquiátrica del texto, advirtió que las categorías de Areteo eran demasiado amplias para equipararlas a la psicosis maníaco-depresiva moderna, y que su concepción se relaciona mejor con las tradiciones unitarias de la locura.

La formulación prudente es que Areteo reconoció una relación clínica entre estados melancólicos y maníacos, y que esa observación fue recuperada más tarde por las genealogías del trastorno bipolar. No es todavía el concepto moderno de enfermedad afectiva bipolar.

Galeno y la larga duración del humoralismo

Galeno reorganizó y amplió la medicina grecorromana, y su influencia se extendió sobre las tradiciones bizantina, árabe y latina. En su sistema, las alteraciones del cuerpo y del cerebro podían afectar las facultades mentales, y la constitución humoral ayudaba a explicar las diferencias de temperamento y de enfermedad.

La asociación entre humores y disposiciones psicológicas sobrevivió, con variantes, durante muchos siglos. Eso no significa que la melancolía haya conservado una definición estable. Ocurrió más bien lo contrario: como el concepto podía integrar síntomas corporales, afectivos, cognitivos y conductuales, resultó lo bastante flexible para ser reinterpretado dentro de cada marco médico sucesivo.

Una genealogía discontinua

La relación entre melancolía, depresión, manía y bipolaridad no es una línea. Durante la Edad Media y la Edad Moderna, la melancolía conservó componentes humorales, morales y culturales. En el siglo XIX sus límites se movieron de manera decisiva, cuando la nueva psicopatología permitió diferenciar afecto, intelecto, voluntad y percepción con un vocabulario que antes no existía.

Kendler y otros historiadores del diagnóstico han mostrado ese desplazamiento con detalle: a lo largo del siglo XIX, la melancolía dejó de ser una categoría en la que podían dominar los trastornos del juicio y las ideas, y pasó a definirse sobre todo por el ánimo. En paralelo, los alienistas franceses y después Kraepelin ordenaron las relaciones entre episodios depresivos y maníacos dentro de nuevos conceptos de enfermedad longitudinal.

La bipolaridad moderna pertenece a esa historia decimonónica y del siglo XX, aunque emplee observaciones y palabras cuya genealogía llega hasta la Antigüedad.

Continuidades y discontinuidades

Melancolía y manía muestran por qué la historia conceptual le hace falta a la psiquiatría. Las palabras sobreviven con más facilidad que sus significados, y reconocer un antecedente antiguo no exige convertirlo en un diagnóstico moderno anticipado.

Lo que la evidencia permite decir es que hay continuidad de vocabulario y de ciertos patrones clínicos observados, junto con discontinuidades profundas en fisiología, clasificación, etiología y límites diagnósticos.

Referencias seleccionadas

  1. Jackson SW. Melancholia and Depression: From Hippocratic Times to Modern Times. New Haven: Yale University Press; 1986.
  2. Berrios GE. Melancholia and depression during the 19th century: a conceptual history. Br J Psychiatry. 1988;153:298–304.
  3. Angst J, Marneros A. Bipolarity from ancient to modern times: conception, birth and rebirth. J Affect Disord. 2001;67(1–3):3–19. doi:10.1016/S0165-0327(01)00429-3.
  4. Godderis J. Aretaios concerning the relationship melancholy–mania and psychogenesis: a look backwards on a “forward” look. Verh K Acad Geneeskd Belg. 1994;56(6):503–536.
  5. Thumiger C. A History of the Mind and Mental Health in Classical Greek Medical Thought. Cambridge: Cambridge University Press; 2017.
  6. Tekiner H. Aretaeus of Cappadocia and his treatises on diseases. Turk Neurosurg. 2015;25(3):508–512. doi:10.5137/1019-5149.JTN.12347-14.0.
Cómo citar este recurso

Jonathan Alarcón C., ed. Melancolía y manía en la medicina grecorromana. Docencia en Psiquiatría. Revisión 24 de agosto de 2026. https://portal-docencia-psiquiatria-uc-hlf.pages.dev/historia/melancolia-mania-medicina-grecorromana/

SerieHistoria de la Psiquiatría
Edición del proyectoJonathan Alarcón C.
Última revisión24 de agosto de 2026