Antigüedad · Historia de la Medicina · Historia Conceptual

Locura, enfermedad y cuidado en la Antigüedad: Mesopotamia, Egipto y mundo grecorromano

Las fuentes antiguas muestran pluralidad de explicaciones y de prácticas, no una secuencia en la que la medicina reemplazó a la religión.

Nota de alcance

“Antigüedad” cubre varios milenios y sociedades muy distintas entre sí. Este artículo se concentra en Mesopotamia, Egipto y el mundo grecorromano porque sus fuentes ocuparon un lugar central en la historiografía de la medicina occidental y porque las tradiciones griega y romana influyeron de manera directa en desarrollos posteriores de Europa y del Mediterráneo islámico. India, China y otras tradiciones requieren estudios propios; despacharlas en un par de párrafos solo reproduciría un universalismo europeo con apariencia de historia global.

Un punto de partida

No hubo en la Antigüedad nada equivalente a la psiquiatría. Las alteraciones de la conducta, la emoción, la conciencia, la memoria o la percepción se repartían entre lo médico, lo religioso, lo jurídico y lo doméstico, con fronteras que no son las nuestras. Tampoco hubo una oposición estable entre causa natural y causa sobrenatural: en un mismo texto pueden convivir una observación clínica exacta, un demonio, una receta de plantas, un ritual y una indicación dietética.

Esa convivencia no es incoherencia. Para un erudito de Nínive, un agente sobrenatural no competía con la observación sistemática: pertenecía a lo que había que observar.

Mesopotamia: observación minuciosa en una cosmología poblada de dioses

Las colecciones médicas cuneiformes, copiadas y reorganizadas durante siglos, contienen descripciones neurológicas y conductuales de una precisión que todavía sorprende. La serie diagnóstica y pronóstica que la asiriología llama Sakikkû reúne observaciones sobre convulsiones, alteraciones de la conciencia y trastornos motores. Otros textos han sido comparados, con prudencia desigual, con fenómenos psicóticos, ansiosos, obsesivos o depresivos.

Reynolds y Kinnier Wilson insisten en las dos mitades del asunto. La agudeza observacional de algunos textos babilónicos es notable, y sus autores no disponían de teoría alguna del cerebro ni de la función psicológica en sentido moderno. Un cuadro podía atribuirse a un espíritu, a un demonio o a la cólera del dios personal, y recibir al mismo tiempo un tratamiento material de plantas, minerales y procedimientos físicos.

La historiografía distingue dos oficios: el asû, ligado sobre todo a la terapéutica material, y el āšipu, especialista erudito y ritual que intervenía en diagnóstico, pronóstico y tratamiento. Traducirlos como médico y sacerdote induce a error, porque sus tareas se superponían. Lo que importa retener es que la observación y la cosmología sobrenatural coexistían dentro de una práctica técnica sofisticada.

Egipto: poca evidencia y mucha reconstrucción

La documentación egipcia es heterogénea y permite menos seguridad. Los papiros médicos contienen teorías corporales y tratamientos; otros textos sitúan la enfermedad y la conducta dentro de marcos religiosos. El corazón, no el cerebro, ocupaba el centro de las concepciones egipcias del pensamiento, la emoción y la vida corporal, de modo que la separación contemporánea entre cerebro, mente y cuerpo simplemente no se aplica.

La historiografía psiquiátrica del siglo XX le atribuyó a Egipto algunas paternidades que después no resistieron el examen. La más repetida sostiene que la teoría griega de la matriz errante procedía directamente de conceptos egipcios. Trabajos filológicos recientes han mostrado que esa filiación se afirmó con mucha más seguridad de la que autorizan los papiros. El caso vale como advertencia general: una historia muy citada no se vuelve verdadera por acumulación de citas.

Grecia: no hubo una teoría griega de la locura

Las fuentes griegas representan de varios modos aquello que más tarde se llamaría locura. En la épica y la tragedia, una intervención divina puede explicar un cambio extraordinario de conducta. En los cultos y las prácticas rituales existieron modelos religiosos de sufrimiento y de curación. La filosofía discutió formas de mania que podían ser patológicas, pero también proféticas, rituales o creativas. Y la medicina, en paralelo, desarrolló explicaciones corporales.

Las categorías dependían del género textual y del problema analizado. Una misma experiencia adquiría significados distintos en un tratado médico, en una tragedia y en un diálogo filosófico.

El Corpus Hippocraticum y el programa naturalista

Los escritos reunidos bajo el nombre de Hipócrates fueron compuestos por autores diferentes, sobre todo entre los siglos V y IV a. C., con estratos posteriores. Hablar de “lo que Hipócrates pensaba” funciona como abreviatura docente y falla como afirmación histórica, porque atribuye una doctrina única a una colección heterogénea y a ratos contradictoria.

Varios de esos tratados desarrollan un programa naturalista: las enfermedades deben explicarse por procesos corporales y regularidades observables. Sobre la enfermedad sagrada es el ejemplo más conocido. Discute la epilepsia y niega que sea más divina que cualquier otra dolencia; tiene una causa, como todas, y quienes la declaran sagrada se parecen más a los charlatanes que a los médicos. Como afirmación de causalidad médica es considerable. No es el nacimiento de la neurología ni de la psiquiatría: la fisiología que sostiene el argumento pertenece a un sistema teórico ajeno al nuestro.

El aporte más durable fue metodológico. Un fenómeno culturalmente asociado a lo sagrado podía convertirse en objeto de explicación natural sistemática.

Del helenismo a Roma

La medicina helenística y romana reorganizó estas tradiciones. Asclepíades de Bitinia, Areteo de Capadocia y Galeno discutieron cuadros llamados mania, melancholia, phrenitis, epilepsia y otras alteraciones de la conciencia y del comportamiento. Las fronteras entre neurología, medicina general y enfermedad mental no existían en el sentido contemporáneo.

Asclepíades es recordado por cuestionar aspectos del humoralismo y por recomendar, en algunos pacientes, dieta, ejercicio, baños, masaje, música y cambios en el entorno. Areteo dejó descripciones de manía y melancolía que se seguirían leyendo mil quinientos años más tarde. Galeno construyó una medicina humoral y anatómico-fisiológica cuya autoridad llegaría hasta el Renacimiento y algo más allá.

Ninguna de esas categorías se traduce sin resto. Phrenitis, por ejemplo, unía fiebre y alteración mental aguda: está más cerca de lo que hoy pensaríamos como un síndrome orgánico agudo que de una psicosis funcional, sin coincidir tampoco con el delirium de nuestros manuales.

Qué se puede sostener y qué no

La evidencia antigua permite afirmar que hubo personas con estados graves de alteración cognitiva, afectiva, conductual y neurológica; que esos estados fueron observados y diferenciados; y que se desarrollaron explicaciones y tratamientos culturalmente específicos. Permite además seguir la pista de vocabularios y teorías que influirán durante siglos.

No permite sostener que Mesopotamia describió el trastorno obsesivo-compulsivo, ni que Hipócrates descubrió la depresión, ni que una categoría antigua fue idéntica a una entidad diagnóstica actual. Esas formulaciones confunden el parecido fenomenológico con la identidad histórica.

Balance del período

La historia antigua de la alteración mental se entiende mejor como una pluralidad de sistemas médicos, religiosos y sociales que interactuaron de maneras distintas según el lugar y el momento. El naturalismo hipocrático fue importante y no inauguró ninguna marcha lineal desde la superstición hacia la ciencia. Las explicaciones naturales y las sobrenaturales siguieron conviviendo durante siglos, y la propia medicina naturalista cambió repetidas veces sus teorías sobre el cuerpo, el cerebro y la mente.

Referencias seleccionadas

  1. Fales FM. Chapter 2: Mesopotamia. Handb Clin Neurol. 2010;95:15–27. doi:10.1016/S0072-9752(08)02102-7.
  2. Reynolds EH, Kinnier Wilson JV. Neurology and psychiatry in Babylon. Brain. 2014;137(9):2611–2619. doi:10.1093/brain/awu192.
  3. Thumiger C. A History of the Mind and Mental Health in Classical Greek Medical Thought. Cambridge: Cambridge University Press; 2017.
  4. Nutton V. Ancient Medicine. 2.ª ed. London: Routledge; 2013.
  5. Jouanna J. Greek Medicine from Hippocrates to Galen: Selected Papers. Leiden: Brill; 2012.
Cómo citar este recurso

Jonathan Alarcón C., ed. Locura, enfermedad y cuidado en la Antigüedad: Mesopotamia, Egipto y mundo grecorromano. Docencia en Psiquiatría. Revisión 24 de agosto de 2026. https://portal-docencia-psiquiatria-uc-hlf.pages.dev/historia/locura-enfermedad-cuidado-antiguedad/

SerieHistoria de la Psiquiatría
Edición del proyectoJonathan Alarcón C.
Última revisión24 de agosto de 2026