Historiografía · Historia de la Medicina · Metodología

Cómo estudiar la historia de la psiquiatría: fuentes, conceptos y problemas historiográficos

Reconstruir categorías, instituciones y prácticas en su contexto, sin convertir el pasado en una versión incompleta del presente.

Por qué importa

La historia de la psiquiatría suele imaginarse como una cronología de médicos, diagnósticos, hospitales y tratamientos. Esa cronología es una parte del objeto. Interesan también las formas en que cada época definió la alteración mental, las palabras con que la describió, las instituciones que organizaron su cuidado, la relación entre la medicina y el poder político, y la experiencia de quienes fueron llamados locos, alienados, incapaces o pacientes.

Buena parte del vocabulario que usamos a diario es más joven de lo que parece. La psicopatología descriptiva se consolidó durante el siglo XIX, en un puñado de clínicas alemanas y francesas, y sus categorías no se dejan trasladar sin pérdida a períodos anteriores. Berrios lo formuló con precisión: los síntomas psiquiátricos tienen historia conceptual. La experiencia humana puede mostrar continuidades, pero el modo de reconocerla, nombrarla y agruparla depende de lenguajes clínicos, teorías de la mente y reglas de observación que cambian.

Experiencias que se repiten, diagnósticos que no

Una tablilla babilónica o un tratado griego pueden describir miedo persistente, excitación, voces, confusión, convulsiones, pérdida de memoria. Comparar esas descripciones con lo que observamos hoy es legítimo; convertirlas en diagnósticos, no. Decir que un pasaje resulta compatible con aquello que hoy llamaríamos delirium o episodio afectivo es una operación distinta de afirmar que su autor describió una entidad idéntica a una categoría del DSM o de la CIE.

La dificultad crece cuando sobrevive la palabra. Melancholia, mania e hysteria atraviesan más de dos milenios, pero su significado, su extensión clínica, su etiología y su lugar en la clasificación cambian una y otra vez. Que persista el término no prueba que persista el objeto.

Conviene entonces separar tres planos: la conducta o la experiencia descrita en la fuente, la categoría con que los contemporáneos la nombraron, y la interpretación que hace el lector moderno. Cuando los tres no puedan distinguirse con seguridad, y ocurrirá a menudo, se dirá.

El presentismo y la tentación del progreso

Presentismo es leer el pasado desde las categorías y certezas del presente sin reconstruir las alternativas de que disponían sus actores. Su versión más conocida es la historia whig: una sucesión de errores, precursores y descubrimientos que desemboca, como si no pudiera ser de otro modo, en nosotros.

En psiquiatría el guion es casi siempre el mismo. Explicación sobrenatural, medicina naturalista, reforma humanitaria, clasificación científica, tratamiento eficaz. Cada uno de esos episodios tiene apoyo documental parcial y ninguno ocurrió de forma universal ni irreversible. Las explicaciones religiosas y las naturalistas convivieron durante siglos. Los proyectos de reforma trajeron a la vez cuidado y disciplina. Hubo avances diagnósticos que no mejoraron ningún tratamiento, e intervenciones celebradas como progreso que terminaron abandonadas, alguna de ellas con un premio Nobel de por medio.

La historia académica no obliga a negar el progreso médico. Obliga a demostrarlo caso por caso y a impedir que el desenlace conocido decida de antemano cómo se lee a quienes no lo conocían.

De la historia profesional a la historiografía crítica

Durante buena parte de los siglos XIX y XX, la historia de la psiquiatría la escribieron psiquiatras. El resultado fue una genealogía profesional ordenada en torno a fundadores, hallazgos y mejoras terapéuticas, útil para dotar de tradición a una especialidad joven y bastante menos atenta a los pacientes, a las familias, al trabajo diario de las instituciones, a la coerción y a las condiciones materiales que las sostenían.

Desde mediados del siglo XX ese relato dejó de ser el único. Foucault, Goffman y, desde la historia social, Andrew Scull obligaron a estudiar el encierro también como disciplina, como administración de la pobreza y como construcción de autoridad profesional. Roy Porter insistió en algo distinto y complementario: los pacientes habían dejado escritos, y valía la pena leerlos.

La producción posterior mostró que la clave del control social tampoco bastaba. El campo trabaja hoy combinando escalas, desde los archivos institucionales y las historias locales hasta los expedientes clínicos y judiciales, los testimonios, la historia conceptual y la comparación internacional. La vieja oposición entre progreso y opresión dejó de organizar el debate de manera convincente.

La fuente que se elige decide la historia que se puede escribir

Los tratados médicos son indispensables y son insuficientes. Dicen lo que un autor culto pensaba que debía hacerse; no dicen qué hacía una sociedad con las personas que consideraba perturbadas.

Richard Neugebauer lo demostró del modo más simple, cambiando de archivo. Al revisar la documentación judicial inglesa sobre incapacidad, manuscritos que las historias anteriores apenas habían tocado, encontró evaluaciones basadas en criterios pragmáticos de funcionamiento y explicaciones fisiológicas o psicológicas que no encajaban con la imagen de una época entregada por completo a la demonología.

El principio vale para cualquier período. El reglamento de un asilo informa cómo se esperaba que funcionara la institución; las historias clínicas, cómo funcionó; las cartas de los internos, qué se vivía dentro; las estadísticas, qué tendencias agregadas produjeron unas categorías administrativas que también habría que historiar.

Una fuente primaria prueba que algo fue escrito, registrado, representado o normado. No prueba, por sí sola, que los hechos ocurrieran como los cuenta.

Cómo se usan las fuentes en esta sección

Los artículos trabajan con cuatro clases de material. Fuentes primarias: tratados, cartas, expedientes clínicos y judiciales, legislación, reglamentos, estadísticas, prensa, imágenes, testimonios. Historiografía académica: los estudios que someten esas fuentes a crítica. Literatura clínica de contenido histórico, admisible cuando su base documental es explícita y verificable. Y memoria institucional, imprescindible para las historias locales y particularmente expuesta a la selección retrospectiva y a la construcción de identidad.

Las afirmaciones que importan se apoyan en historiografía especializada y, cuando es posible, se contrastan con fuentes primarias. Ningún relato conmemorativo se usa como prueba única de una cuestión discutida.

Seis reglas

No se diagnostica a personajes históricos como si el diagnóstico fuera un hecho probado. Se distingue entre dato documentado, interpretación plausible y controversia abierta. No se reduce la historia a grandes hombres, lo que no obliga a prescindir de las figuras individuales. Los procesos de Europa occidental no se presentan como secuencia universal. La racionalidad de una práctica en su contexto no se confunde con su validez científica o ética para nosotros. Y se admite que nuestras propias categorías son históricas y, por lo tanto, provisionales.

Para qué sirve todo esto en la clínica

La historia le sirve a la formación médica porque enseña que conceptos de apariencia natural, como síntoma, diagnóstico, enfermedad mental, hospitalización, capacidad o psicoterapia, fueron construidos en circunstancias precisas y modificados muchas veces. El propósito no es relativizar la psiquiatría, sino saber de dónde vienen sus categorías y qué evidencia las sostuvo en cada momento.

El estándar es doble: rigor suficiente para no caricaturizar el pasado, claridad suficiente para que ese rigor le sirva a quien está aprendiendo a atender pacientes.

Referencias seleccionadas

  1. Berrios GE. The History of Mental Symptoms: Descriptive Psychopathology since the Nineteenth Century. Cambridge: Cambridge University Press; 1996.
  2. Micale MS, Porter R, eds. Discovering the History of Psychiatry. New York: Oxford University Press; 1994.
  3. Porter R. Madness: A Brief History. Oxford: Oxford University Press; 2002.
  4. Scull A. Madness in Civilization: A Cultural History of Insanity. Princeton: Princeton University Press; 2015.
  5. Neugebauer R. Medieval and early modern theories of mental illness. Arch Gen Psychiatry. 1979;36(4):477–483. doi:10.1001/archpsyc.1979.01780040119013.
  6. Beveridge A. Reading about… the history of psychiatry. Br J Psychiatry. 2017;210:440–441.
Cómo citar este recurso

Jonathan Alarcón C., ed. Cómo estudiar la historia de la psiquiatría: fuentes, conceptos y problemas historiográficos. Docencia en Psiquiatría. Revisión 24 de agosto de 2026. https://portal-docencia-psiquiatria-uc-hlf.pages.dev/historia/como-estudiar-historia-psiquiatria/

SerieHistoria de la Psiquiatría
Edición del proyectoJonathan Alarcón C.
Última revisión24 de agosto de 2026