Década de 1880–1970 · Burckhardt · Moniz · Lima · Freeman · Watts · Psicocirugía

Lobotomía y psicocirugía: cirugía cerebral, instituciones y controversia

La lobotomía se convirtió en el símbolo más negativo de la psiquiatría del siglo XX. Reconstruirla con rigor exige separar tres episodios que la memoria pública ha fundido: las operaciones experimentales del siglo XIX, la leucotomía portuguesa de Moniz y Almeida Lima y la expansión estadounidense asociada a Freeman.

Burckhardt: un antecedente sin descendencia

A finales de la década de 1880, el psiquiatra suizo Gottlieb Burckhardt operó el cerebro de seis pacientes institucionalizados, con resecciones corticales destinadas a modificar síntomas dentro del entusiasmo por las nuevas teorías de la localización. Uno murió y otros sufrieron complicaciones importantes. Burckhardt recibió críticas severas y su programa no fundó tradición alguna, de modo que su condición de primer psicocirujano es en buena medida una construcción retrospectiva.

Vale la pena detenerse en qué contaba para él como éxito. Burckhardt podía considerar valioso que un paciente resultara menos perturbador o más manejable aunque no estuviera curado. Esa diferencia entre la recuperación del paciente y la utilidad institucional atravesará toda la historia posterior de la psicocirugía, y explica más que cualquier teoría cerebral.

Moniz y Almeida Lima

Las primeras décadas del siglo XX dieron nueva plausibilidad a la idea de intervenir sobre las conexiones cerebrales: los estudios sobre lóbulos frontales, localización y circuitos, y en particular los experimentos con primates presentados por John Fulton y Carlyle Jacobsen, formaron el contexto inmediato de la propuesta de Egas Moniz, sin demostrar en ningún momento que una cirugía frontal tratara enfermedades psiquiátricas.

En 1935, Moniz propuso interrumpir conexiones de sustancia blanca prefrontal. Las operaciones las realizó el neurocirujano Pedro Almeida Lima, primero con inyecciones de alcohol y después con un leucótomo diseñado para producir lesiones más controladas. El término original fue leucotomía prefrontal. Atribuir la intervención a Moniz en solitario borra el papel quirúrgico de Lima y desdibuja cómo se organizaba profesionalmente el procedimiento.

La hipótesis de Moniz sostenía que ciertos patrones mentales patológicos dependían de circuitos funcionales excesivamente fijados y que interrumpir sus conexiones permitiría una reorganización. El argumento se apoyaba en el conocimiento disponible sobre frontalidad y circuitos, y ninguna evidencia de la época permitía localizar así una psicosis, una depresión o una obsesión. Las primeras series eran pequeñas, heterogéneas y con seguimientos breves; hubo críticas tempranas a la selección de pacientes, a los efectos sobre la personalidad, a la irreversibilidad y a la definición de mejoría. La documentación del proceso del Nobel muestra que esas objeciones se conocían antes de 1949.

Freeman, Watts y la técnica transorbitaria

Walter Freeman y el neurocirujano James Watts introdujeron el procedimiento en Estados Unidos desde 1936, modificaron la técnica y publicaron Psychosurgery en 1942. Freeman se convirtió además en un promotor de visibilidad pública excepcional, y esa promoción forma parte del fenómeno tanto como la cirugía.

En 1946 desarrolló una técnica transorbitaria que alcanzaba el lóbulo frontal a través del techo de la órbita sin el aparato de una intervención neuroquirúrgica convencional, y la presentó como realizable por psiquiatras en un consultorio. La propuesta rompió su asociación con Watts y abrió un conflicto profesional sobre quién tenía autoridad para operar un cerebro.

Conviene mirar de cerca qué se contaba como resultado. Las publicaciones podían registrar como mejoría la reducción de la agitación, la agresividad, la ansiedad o la conducta psicótica perturbadora, y esas modificaciones convivían con apatía, pérdida de iniciativa, deterioro cognitivo y pérdida de autonomía. El criterio de un hospital sobrecargado y el proyecto vital de un paciente no coinciden, y la lobotomía es el caso donde esa divergencia resulta más visible.

El Nobel de 1949 y el declive

Moniz recibió en 1949 el Premio Nobel de Fisiología o Medicina por el valor terapéutico de la leucotomía en determinadas psicosis, y el premio reforzó la legitimidad internacional de una práctica ya extendida. La controversia posterior lo ha convertido en el ejemplo canónico de lo que ocurre cuando se evalúa una terapia con estándares de evidencia y de seguimiento débiles.

La psicocirugía se practicó en muchos países, con indicaciones, técnicas y regulaciones distintas, y la historia estadounidense de Freeman, por visible que sea, no puede valer como sinónimo del fenómeno mundial. Su frecuencia disminuyó desde mediados de los años cincuenta por la convergencia de varios factores: los antipsicóticos, las críticas a los efectos adversos, las nuevas regulaciones y los cambios profesionales. La clorpromazina importó, y por sí sola no explica el declive.

La idea de intervenir quirúrgicamente sobre circuitos no desapareció. Las técnicas estereotáxicas posteriores produjeron lesiones mucho más focales, y en el siglo XXI la estimulación cerebral profunda se emplea o se investiga en casos excepcionales, con criterios de selección, consentimiento y evaluación que no admiten comparación con los de 1946. Llamarlas lobotomías modernas es inexacto; ignorar que pertenecen a una historia larga de intervención directa sobre el cerebro, también.

Por qué el episodio sigue importando

La expansión de la lobotomía necesitó que convergieran varias cosas: teorías de localización y circuitos, instituciones repletas de pacientes crónicos, ausencia de alternativas, criterios permisivos de mejoría, prestigio profesional y una difusión pública entusiasta.

Ninguno de esos mecanismos de legitimación pertenece exclusivamente al pasado, y por eso el caso conserva valor formativo mucho más allá de la anécdota.

Referencias seleccionadas

  1. Berrios GE. The origins of psychosurgery: Shaw, Burckhardt and Moniz. Hist Psychiatry. 1997;8(29 Pt 1):61–81. doi:10.1177/0957154X9700802905.
  2. Gross D, Schäfer G. Egas Moniz and the “invention” of modern psychosurgery: a historical and ethical reanalysis. Neurosurg Focus. 2011;30.
  3. Lichterman B, et al. A comparative history of psychosurgery. 2022. doi:10.1016/bs.pbr.2021.12.003.
  4. Diefenbach GJ, Diefenbach D, Baumeister A, West M. Portrayal of lobotomy in the popular press: 1935–1960. J Hist Neurosci. 1999.
Cómo citar este recurso

Jonathan Alarcón C., ed. Lobotomía y psicocirugía: cirugía cerebral, instituciones y controversia. Docencia en Psiquiatría. Revisión 25 de agosto de 2026. https://portal-docencia-psiquiatria-uc-hlf.pages.dev/historia/lobotomia-y-psicocirugia-cirugia-cerebral-instituciones-y-controversia/

SerieHistoria de la Psiquiatría
Edición del proyectoJonathan Alarcón C.
Última revisión25 de agosto de 2026