Vejez dentro del hospital psiquiátrico
Los hospitales psiquiátricos del siglo XIX y de la primera mitad del XX alojaban a numerosos pacientes de edad avanzada, que podían recibir diagnósticos como demencia senil, psicosis arteriosclerótica, melancolía involutiva o psicosis senil. Esas categorías no equivalen a las actuales, como se examinó en el artículo 34.
La edad tenía además una consecuencia asistencial de largo alcance: el deterioro podía interpretarse como inevitable, y esa lectura reducía las expectativas de investigación y de tratamiento.
La posguerra británica
Gran Bretaña fue uno de los principales escenarios de desarrollo de servicios especializados. La Segunda Guerra Mundial y la creación del National Health Service modificaron el contexto hospitalario, la geriatría se estaba constituyendo simultáneamente como especialidad médica, y la elevada presencia de personas mayores en los hospitales psiquiátricos planteaba problemas de clasificación y de asistencia. La pregunta práctica era qué pacientes requerían medicina geriátrica, neurología, psiquiatría o cuidados sociales, y la edad cronológica no bastaba para responderla.
En 1947, Aubrey Lewis incorporó a Felix Post como assistant physician al Maudsley Hospital, y desde 1949 Post asumió la responsabilidad clínica de los pacientes mayores de sesenta años y desarrolló en el Bethlem Royal Hospital una unidad dedicada a esa población. Se convirtió en figura central de la investigación clínica sobre enfermedad mental en la vejez, y sus trabajos sobre trastornos afectivos, psicosis y demencia ayudaron a desmontar la idea de que todo deterioro psiquiátrico tardío fuera un único proceso senil irreversible. Su importancia fue clínica y docente, y no constituyó el único origen de la especialidad: en otros hospitales británicos se desarrollaron en paralelo servicios con combinaciones distintas de atención ambulatoria, domiciliaria y hospitalaria.
Diferenciar enfermedades
El problema fundamental era distinguir cuadros capaces de producir apariencias clínicas semejantes. En una persona mayor, el retraimiento, la pérdida de memoria, la disminución de la actividad o el deterioro funcional podían corresponder a demencia, depresión, delirium, enfermedad neurológica, efectos farmacológicos o enfermedad médica. La especialidad se fortaleció al demostrar que la categoría general de senilidad ocultaba trastornos con pronósticos y respuestas terapéuticas diferentes.
Los trabajos de posguerra mostraron además que las personas mayores podían beneficiarse de tratamientos psiquiátricos activos. La terapia electroconvulsiva, los antidepresivos y otras intervenciones no estaban reservados a los adultos jóvenes, y la expectativa de mejoría en determinados trastornos afectivos contrastaba con la práctica previa de mantener a los pacientes mayores en salas de larga estadía sin reevaluación sistemática. El custodialismo, eso sí, no desapareció con rapidez: la construcción de servicios especializados fue lenta y geográficamente desigual.
La expansión de los servicios
Durante los años sesenta y setenta, varios equipos británicos desarrollaron modelos que incluían evaluación domiciliaria, hospital de día, hospitalización aguda, camas de larga estadía, colaboración con geriatría y coordinación con los servicios sociales, con el objetivo de atender al paciente en distintos niveles sin depender del hospital mental tradicional. En 1972, el Department of Health and Social Security publicó directrices específicas sobre servicios para la enfermedad mental relacionada con la vejez.
El 9 de febrero de 1973, el Royal College of Psychiatrists inauguró su Group for the Psychiatry of Old Age, y el Department of Health reconoció oficialmente la especialidad en 1989, hecho decisivo para la planificación de plazas de formación y de servicios. La cronología británica no debería convertirse en cronología universal: otros países desarrollaron la psicogeriatría mediante estructuras profesionales muy distintas.
Demencia y enfermedad de larga evolución
La expansión del diagnóstico de enfermedad de Alzheimer durante los años setenta y ochenta transformó el campo. La separación histórica entre demencia presenil y senil se debilitó, la investigación empezó a integrar neurología, neuropatología, neuropsicología, neuroimagen y genética, y las clínicas de memoria se convirtieron en un lugar importante de evaluación conjunta. La especialidad, sin embargo, nunca se redujo a la demencia.
El envejecimiento de los pacientes con esquizofrenia, bipolaridad y otros trastornos persistentes creó un segundo problema. La psiquiatría de la vejez debía atender a la vez los trastornos que aparecen en edades avanzadas y aquellos iniciados décadas antes cuyos pacientes envejecen, y esa distinción modificó la organización asistencial y demostró que la psiquiatría geriátrica no podía definirse por una nosología exclusiva.
Dos equivalencias desmontadas
La formación de la especialidad consistió menos en descubrir enfermedades nuevas que en cambiar la manera de interpretar y atender enfermedades conocidas en personas mayores. Su desarrollo desmontó dos equivalencias históricas: la que identificaba vejez con demencia y la que daba por inevitable el deterioro.
La especialidad adquirió forma cuando esas distinciones se tradujeron en investigación, servicios y formación propios.
Referencias seleccionadas
- Hilton C. The origins of old age psychiatry in Britain in the 1940s. Hist Psychiatry. 2005.
- Royal College of Psychiatrists. Development of Old Age Psychiatry in Britain 1960–1989: Witness Seminar.
- Hilton C, Arie T, Nicolson M, eds. The Development of Old Age Psychiatry in Britain 1960–1989. Royal College of Psychiatrists.
Jonathan Alarcón C., ed. La formación de la psiquiatría de la vejez. Docencia en Psiquiatría. Revisión 25 de agosto de 2026. https://portal-docencia-psiquiatria-uc-hlf.pages.dev/historia/la-formacion-de-la-psiquiatria-de-la-vejez/