Antes del manicomio republicano
Mucho antes de que existiera una profesión psiquiátrica, las personas consideradas locas eran atendidas, o contenidas, por familias, hospitales generales, hospicios, órdenes religiosas, cárceles y autoridades locales. Las instituciones coloniales no formaban un sistema de salud mental en sentido moderno, y tampoco constituyeron un vacío anterior a la medicina: organizaban cuidado, caridad, disciplina y exclusión según categorías jurídicas, religiosas y sociales propias.
Con la formación de los Estados nacionales durante el siglo XIX apareció una aspiración distinta: crear establecimientos especializados capaces de reunir filantropía, administración pública y medicina. En varios países, el asilo funcionó además como artefacto de construcción estatal, porque su arquitectura, sus reglamentos y sus estadísticas ofrecían una forma visible de ordenar un problema social mediante instituciones y saber experto. Esa función no fue idéntica en toda la región ni convirtió automáticamente a esos establecimientos en hospitales médicos.
El asilo como proyecto de modernización
Varias instituciones emblemáticas surgieron en tiempos relativamente próximos sin formar una secuencia única. El Hospício de Pedro II comenzó a funcionar en Río de Janeiro en 1852, el mismo año en que abrió la Casa de Orates de Santiago. En Buenos Aires se inauguró en 1863 el Hospicio de San Buenaventura, denominado Hospicio de las Mercedes desde 1873 y antecedente del actual Hospital Borda. México culminó una genealogía más prolongada de hospitales y proyectos con la inauguración del Manicomio General La Castañeda en 1910.
Cada caso desaconseja la equivalencia entre edificio nuevo y psiquiatría moderna. En Brasil, la administración del Hospício de Pedro II estuvo atravesada por disputas entre la Santa Casa, las religiosas y los médicos; en Chile, la autoridad sanitaria debió negociar durante décadas con una junta filantrópica; en México, La Castañeda fue presentada como símbolo del progreso porfiriano y muy pronto tuvo que funcionar dentro de la inestabilidad de la Revolución. El manicomio era una institución médica, política, económica y moral a la vez.
Modelos extranjeros, traducciones locales
El alienismo francés, la neuropatología alemana, las teorías de la degeneración, la psicometría, la higiene mental y después el psicoanálisis circularon intensamente por la región. Los médicos latinoamericanos viajaban a París, Berlín, Viena, Londres o Estados Unidos, traducían libros, fundaban revistas y reorganizaban servicios al regresar. La transferencia nunca fue literal: una clasificación o una terapia cambiaba de función al insertarse en sistemas judiciales, hospitales y poblaciones distintos.
La propia secuencia de influencias fue desigual. En algunos centros, la tradición neurológica y anatomopatológica adquirió gran fuerza; en otros, la psiquiatría dinámica o el psicoanálisis llegaron a dominar durante décadas la formación clínica. Las instituciones argentinas y brasileñas desarrollaron intercambios psicoanalíticos y psicosomáticos que no se dejan describir como recepción pasiva de Europa. La periferia produjo también conceptos, escuelas y circuitos regionales.
Higiene mental, infancia y población
Durante las décadas de 1920 y 1930, la higiene mental amplió el objeto más allá del hospital. Argentina, Brasil, México, Chile y otros países organizaron sociedades, ligas, dispensarios, clínicas infantiles y campañas que conectaron la psiquiatría con la escuela, el trabajo, la criminología y la asistencia social. El lenguaje preventivo podía ser humanitario y convivir con la eugenesia, la clasificación de la anormalidad y proyectos de regulación social.
La historiografía reciente ha cuestionado la imagen de una higiene mental irradiada desde Estados Unidos hacia receptores periféricos. Existieron redes transnacionales múltiples, y médicos, psicólogos, juristas y reformadores latinoamericanos negociaron activamente qué partes del programa adoptar, qué problemas priorizar y cómo vincular la prevención con las políticas nacionales.
Caracas, 1990: un lenguaje regional de reforma
El 14 de noviembre de 1990, la Conferencia Regional para la Reestructuración de la Atención Psiquiátrica dentro de los Sistemas Locales de Salud, convocada en Caracas bajo el impulso de la OPS y la OMS, adoptó la Declaración de Caracas. El documento convirtió en compromiso regional ideas que ya circulaban en experiencias nacionales: cuestionar la centralidad del hospital psiquiátrico, integrar la salud mental en la atención primaria y en los sistemas locales, y proteger los derechos humanos y civiles de las personas atendidas.
Caracas fue un hito normativo y político, no el instante en que América Latina descubrió la comunidad. Brasil, Chile, Panamá y otros países tenían antecedentes previos, y la declaración ofreció un marco común para reorganizarlos. Tampoco produjo una transición automática: tres décadas después, la propia OPS seguía describiendo una implementación desigual, con hospitales psiquiátricos que continuaban absorbiendo una parte desproporcionada de los recursos en varios países.
Una historia conectada
La psiquiatría latinoamericana no fue una versión incompleta de la europea ni una tradición separada del resto del mundo. Fue una red de traducciones, en la que los modelos extranjeros se apropiaron localmente y las experiencias regionales circularon después entre países y organismos internacionales.
Mirar la historia desde América Latina cambia por eso la pregunta. Ya no interesa solo cuándo llegó una idea desde París, Viena o Londres, sino qué problema resolvió al llegar, quién obtuvo autoridad con ella, qué instituciones la modificaron y qué conocimientos producidos en la región volvieron a circular fuera de sus fronteras.
Referencias seleccionadas
- Meyer M. “Of grand intentions” and “opaque structures”: managing the Hospício Pedro II during Brazil’s Second Empire (1852–90). Bull Hist Med. 2015;89(4):733–760. doi:10.1353/bhm.2015.0106.
- Sacristán C. La contribución de La Castañeda a la profesionalización de la psiquiatría mexicana, 1910–1968. Salud Mental. 2010;33(6):473–480.
- Ríos Molina A, coord. Los pacientes del Manicomio La Castañeda y sus diagnósticos: una historia de la clínica psiquiátrica en México, 1910–1968. México: UNAM / Instituto Mora; 2017.
- Scholten H. From the traditional account to an “off-centred history” of the mental hygiene movement: the question of the international (1908–1939). Med Hist. 2026;70(2):213–235. doi:10.1017/mdh.2025.10036.
- Organización Panamericana de la Salud. Declaración de Caracas. Conferencia Regional para la Reestructuración de la Atención Psiquiátrica en América Latina. Caracas; 1990.
- Organización Panamericana de la Salud. Desinstitucionalización de la atención psiquiátrica en América Latina y el Caribe. Washington, DC: OPS; 2020.
- Conti NA. La organización del Estado y el control de la locura en Argentina: del Hospicio de las Mercedes al Hospital José Tiburcio Borda, 1863–1976. En: De manicomios a instituciones psiquiátricas: experiencias en Iberoamérica, siglos XIX y XX. México: UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas; 2022.
Jonathan Alarcón C., ed. Historia de la psiquiatría en América Latina: asilos, universidades y circulación de modelos. Docencia en Psiquiatría. Revisión 26 de agosto de 2026. https://portal-docencia-psiquiatria-uc-hlf.pages.dev/historia/historia-de-la-psiquiatria-en-america-latina-asilos-universidades-y-circulacion-de-modelos/