1860–1990 · Sexología · Homosexualidad · DSM · Activismo · Despatologización

De la inversión sexual a la despatologización de la homosexualidad

La homosexualidad no fue siempre una categoría psiquiátrica. Durante el siglo XIX, la medicina y la sexología reorganizaron ciertas conductas y deseos sexuales como características relativamente estables de tipos humanos; durante el XX, varias clasificaciones psiquiátricas la incorporaron como trastorno. Su eliminación posterior fue resultado de investigación, controversia profesional, cambio cultural y activismo.

De actos a categorías personales

Antes de la sexología moderna, las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo se regulaban sobre todo mediante lenguajes religiosos, jurídicos y morales. Durante el siglo XIX aparecieron conceptos que describían una disposición duradera del individuo: Karl Heinrich Ulrichs elaboró una teoría de tipos sexuales en la década de 1860, y el término homosexual fue introducido por Karl-Maria Kertbeny en 1869 dentro de debates jurídicos sobre criminalización. La medicina no inventó el deseo entre personas del mismo sexo; contribuyó a transformar su clasificación social.

Richard von Krafft-Ebing incluyó formas de inversión sexual en Psychopathia Sexualis, y el trabajo sexológico no fue políticamente uniforme. Magnus Hirschfeld empleó modelos de variación sexual para defender reformas jurídicas y oponerse a la persecución de homosexuales, y Havelock Ellis sostuvo posiciones menos moralizantes que muchos médicos de su tiempo. Una misma categoría médica podía funcionar simultáneamente como forma de patologización y como argumento contra la culpabilidad penal.

Las posiciones de Freud fueron más matizadas que muchas teorías psiquiátricas contemporáneas y no equivalen a las formulaciones patologizantes que desarrollarían después sectores del psicoanálisis estadounidense. A mediados del siglo XX, varios analistas interpretaron la homosexualidad como resultado de un desarrollo psicosexual patológico y sostuvieron que podía o debía modificarse mediante tratamiento, y las organizaciones psicoanalíticas mantuvieron durante décadas barreras profesionales hacia los candidatos homosexuales. Hablar de la posición psicoanalítica como doctrina constante falsea esa historia.

El DSM y Evelyn Hooker

El DSM-I, publicado en 1952, incluyó la homosexualidad dentro de la perturbación sociopática de la personalidad, bajo el rótulo de desviación sexual, y el DSM-II, de 1968, la mantuvo entre las desviaciones sexuales. Esas clasificaciones institucionalizaban una posición profesional según la cual la orientación homosexual podía constituir un trastorno incluso sin producir deterioro clínico independiente, y esa premisa se convirtió en el centro de la controversia posterior.

Durante los años cincuenta, Evelyn Hooker estudió a hombres homosexuales no reclutados en poblaciones clínicas y comparó sus evaluaciones psicológicas con las de hombres heterosexuales. Su artículo de 1957 mostró que unos evaluadores ciegos no lograban distinguir de manera fiable ambos grupos con las pruebas empleadas. El estudio no demostró por sí solo la falsedad de toda teoría patológica; su importancia estuvo en cuestionar una literatura construida en gran medida sobre pacientes que ya habían llegado a tratamiento o a una institución. La selección de la muestra pasó a formar parte del problema científico.

Diciembre de 1973

Desde finales de los sesenta, los activistas homosexuales empezaron a intervenir directamente en las reuniones de la American Psychiatric Association, denunciando que la propia clasificación diagnóstica producía estigma, pérdida de empleo, discriminación y justificación de tratamientos destinados a cambiar la orientación. Dentro de la APA convivían al mismo tiempo psiquiatras que defendían la categoría y otros que la cuestionaban, de modo que la controversia fue política y profesional a la vez.

En diciembre de 1973, el Board of Trustees decidió que la homosexualidad en sí misma dejara de clasificarse como trastorno en el DSM-II, decisión ratificada por una consulta a la membresía en 1974. En su lugar se incorporó la perturbación de la orientación sexual, aplicable a personas con conflicto o malestar respecto de su orientación: un compromiso nosológico, no la eliminación inmediata de toda categoría relacionada.

El DSM-III introdujo en 1980 la homosexualidad egodistónica. Robert Spitzer reconoció explícitamente que la discusión implicaba un juicio de valor sobre la heterosexualidad y no podía resolverse acumulando datos sobre la homosexualidad. La categoría desapareció del DSM-III-R en 1987, momento que suele considerarse el final de las categorías diagnósticas explícitas dentro del manual, aunque las actitudes patologizantes persistieran en prácticas y textos posteriores.

La trayectoria internacional siguió otra cronología. El 17 de mayo de 1990, la Asamblea Mundial de la Salud aprobó la revisión que dejaba de clasificar la homosexualidad por sí misma como trastorno mental en la CIE-10, clasificación que entraría en vigor en 1993. La CIE-10 conservó, no obstante, categorías relacionadas con la orientación sexual, entre ellas la orientación sexual egodistónica, que la CIE-11 eliminaría después. Despatologizar la orientación no implicó, por tanto, suprimir de inmediato todas las categorías vinculadas a ella.

Ciencia y política

Este episodio ha sostenido dos relatos opuestos. Uno afirma que una evidencia científica objetiva acabó eliminando un prejuicio; el otro, que la clasificación cambió únicamente por presión activista. Ninguno describe bien el proceso.

El activismo obligó a la profesión a revisar una categoría con consecuencias sociales importantes, y la revisión fue posible porque existían además evidencia no clínica, desacuerdo profesional, problemas conceptuales sobre qué constituye un trastorno y transformaciones culturales. La decisión fue institucional y se apoyó a la vez en argumentos científicos y normativos.

La historia diagnóstica de la homosexualidad muestra que una categoría puede desaparecer sin que cambie el fenómeno humano que pretendía describir. Lo que cambió fue la interpretación de la orientación homosexual como signo suficiente de enfermedad, y el episodio dejó una consecuencia más amplia para la nosología: obligó a la psiquiatría a justificar por qué una diferencia humana debe considerarse trastorno y no simplemente desviación respecto de una norma social.

Referencias seleccionadas

  1. Bayer R. Homosexuality and American Psychiatry: The Politics of Diagnosis. Princeton: Princeton University Press; 1981.
  2. Spitzer RL. The diagnostic status of homosexuality in DSM-III: a reformulation of the issues. Am J Psychiatry. 1981;138(2):210–215.
  3. Drescher J. Out of DSM: depathologizing homosexuality. Behav Sci. 2015;5(4):565–575. doi:10.3390/bs5040565.
  4. Hooker E. The adjustment of the male overt homosexual. J Proj Tech. 1957;21:18–31.
Cómo citar este recurso

Jonathan Alarcón C., ed. De la inversión sexual a la despatologización de la homosexualidad. Docencia en Psiquiatría. Revisión 25 de agosto de 2026. https://portal-docencia-psiquiatria-uc-hlf.pages.dev/historia/de-la-inversion-sexual-a-la-despatologizacion-de-la-homosexualidad/

SerieHistoria de la Psiquiatría
Edición del proyectoJonathan Alarcón C.
Última revisión25 de agosto de 2026