1909–1980 · Laing · Cooper · Szasz · Foucault · Goffman · Crítica Psiquiátrica

Antipsiquiatría: historia de una etiqueta y de varias críticas diferentes

La palabra antipsiquiatría produce una unidad retrospectiva que las fuentes no sostienen. Durante los años sesenta y setenta se aplicó a autores, movimientos y experiencias que cuestionaban aspectos distintos de la disciplina sin compartir necesariamente una teoría, y algunos de ellos rechazaron la etiqueta.

Una palabra anterior a los años sesenta

La crítica pública de la psiquiatría y de los asilos es muy anterior al siglo XX, y la propia familia léxica de Antipsychiatrie tiene antecedentes alemanes previos a David Cooper. Burkhart Brückner ha reconstruido una controversia especialmente bien documentada de 1909, en torno al movimiento alemán de reforma de los derechos de los internos: ese año el psiquiatra Bernhard Beyer empleó en la prensa profesional la expresión antipsychiatrische Bewegung y Georg Lomer habló de un antipsychiatrisches Zentralorgan. Eran rótulos polémicos que unos psiquiatras usaban para caracterizar a sus críticos, y algunos reformadores los reutilizaron después: existe una autodenominación impresa de 1914.

Esos usos tempranos no establecen ninguna continuidad doctrinal con Cooper, Laing o los movimientos de los sesenta. Obligan, eso sí, a abandonar la afirmación corriente de que la palabra se creó en 1967. Cooper la convirtió en etiqueta internacional de enorme circulación sin haber sido su primer usuario.

Cooper, Laing y Szasz

El psiquiatra sudafricano David Cooper le dio proyección internacional con Psychiatry and Anti-Psychiatry, publicado en 1967. Su crítica vinculaba psiquiatría, familia, alienación y organización social dentro de un marco político radical, y venía de una experiencia concreta: había dirigido Villa 21, en el Shenley Hospital, una unidad experimental que intentó reducir jerarquías y reorganizar las relaciones entre pacientes y personal. Su antipsiquiatría era un proyecto explícitamente político y no sirve como definición retroactiva de toda crítica contemporánea.

R. D. Laing partía de otra tradición. The Divided Self, de 1960, describía la experiencia psicótica con herramientas fenomenológicas y existenciales y cuestionaba las formas de examen clínico que reducían a la persona a objeto de observación; la Philadelphia Association y experiencias como Kingsley Hall exploraron formas de convivencia alternativas a la hospitalización. Laing ocupó una posición central en la cultura crítica de los sesenta y mantuvo con la etiqueta una relación ambivalente, de modo que presentarlo como fundador de una escuela antipsiquiátrica borra esa distancia.

Thomas Szasz desarrolló una crítica distinta de ambas. En The Myth of Mental Illness, de 1961, cuestionó que la categoría médica de enfermedad pudiera extenderse a determinados problemas de conducta y experiencia, y se opuso con firmeza a la coerción psiquiátrica. Su posición política, cercana a un liberalismo radical, difería de las orientaciones marxistas o revolucionarias de Cooper. Coincidir sobre la coerción y el poder no los convierte en miembros de una misma doctrina.

Goffman y Foucault: dos clasificaciones retrospectivas

Erving Goffman no propuso ninguna terapia alternativa ni ninguna teoría clínica. Asylums examinó sociológicamente la vida en las instituciones totales y los procesos por los cuales una organización puede transformar la identidad social de quienes viven en ella. Los críticos de los hospitales psiquiátricos usaron ampliamente su obra, y esa influencia no lo convierte en integrante de una escuela clínica.

Con Michel Foucault ocurre algo parecido. Histoire de la folie estudió las relaciones históricas entre razón, exclusión, instituciones y saber, y tuvo una influencia enorme sobre las críticas a la autoridad psiquiátrica. Como se examinó en el artículo 7, sus tesis sobre el gran encierro y sobre el origen de la psiquiatría generaron debates historiográficos propios. Foucault no equivale intelectualmente a Laing, a Cooper ni a Szasz, y tratarlos como intercambiables empobrece a los cuatro.

Contexto político y etiquetamiento

La concentración de críticas durante los años sesenta coincidió con los movimientos de derechos civiles, la oposición a la guerra de Vietnam, el feminismo, los movimientos estudiantiles, la contracultura y el cuestionamiento general de las instituciones de autoridad. La psiquiatría se convirtió en terreno donde discutir problemas más amplios: la normalidad, la sexualidad, la familia, la obediencia, la libertad. La crítica profesional y la protesta social se reforzaron mutuamente sin llegar a constituir una organización común.

La sociología del etiquetamiento añadió otra dimensión. Autores como Thomas Scheff estudiaron cómo la categorización de la desviación podía modificar la identidad y la trayectoria social de una persona. Las versiones radicales llegaban a interpretar la enfermedad mental principalmente como efecto de la etiqueta; las formulaciones más contenidas estudiaban las consecuencias sociales de recibir un diagnóstico. El interés por la etiqueta convergió con la crítica psiquiátrica sin reducirse a ella.

Antipsiquiatría y desinstitucionalización

La relación entre ambas fue real y limitada. Las críticas culturales ayudaron a deslegitimar las instituciones cerradas y las prácticas coercitivas, y la desinstitucionalización dependió además de medicamentos, políticas fiscales, legislación, reformas internas de la profesión y desarrollo de servicios comunitarios. Ninguna explicación histórica seria atribuye el proceso a Laing, a Szasz o a Foucault.

Durante los años ochenta, la antipsiquiatría perdió centralidad como identidad organizada, y varias de las preguntas que sus críticos habían planteado quedaron incorporadas a la práctica psiquiátrica: el consentimiento, los derechos de los pacientes, la atención comunitaria, la experiencia subjetiva, la crítica de las instituciones, los efectos adversos del tratamiento. Incorporar los problemas no equivale a aceptar las tesis de quienes los formularon.

Un ciclo, no una escuela

La categoría resulta útil para describir un ciclo histórico de crítica intensificada, siempre que se identifiquen sus diferencias internas. Se vuelve engañosa cuando convierte a Laing, Cooper, Szasz, Goffman, Foucault, Basaglia y los movimientos de ex-pacientes en miembros de una misma escuela.

La unidad del período estuvo menos en una doctrina compartida que en un hecho común a todas esas críticas: el debilitamiento de la autoridad incuestionada del hospital y del experto psiquiátrico.

Referencias seleccionadas

  1. Cooper D. Psychiatry and Anti-Psychiatry. London: Tavistock; 1967.
  2. Dain N. Critics and dissenters: reflections on “anti-psychiatry” in the United States. J Hist Behav Sci. 1989;25(1):3–25.
  3. Crossley N. R. D. Laing and the British anti-psychiatry movement. Soc Sci Med. 1998.
  4. Brückner B. “Schlammströme, in denen man uns ersäufen möchte”. Zur Genese des Begriffs “Antipsychiatrie” im frühen 20. Jahrhundert. Sozialpsychiatrische Informationen. 2022;52(2):6–10. doi:10.5771/0171-4538-2022-2-6.
Cómo citar este recurso

Jonathan Alarcón C., ed. Antipsiquiatría: historia de una etiqueta y de varias críticas diferentes. Docencia en Psiquiatría. Revisión 25 de agosto de 2026. https://portal-docencia-psiquiatria-uc-hlf.pages.dev/historia/antipsiquiatria-historia-de-una-etiqueta-y-de-varias-criticas-diferentes/

SerieHistoria de la Psiquiatría
Edición del proyectoJonathan Alarcón C.
Última revisión25 de agosto de 2026