1950–1989 · Disidencia · Esquizofrenia Lenta · Serbsky · Wpa · Ética Profesional

Abuso político de la psiquiatría en la Unión Soviética

El abuso político de la psiquiatría soviética quedó documentado sobre todo entre los años sesenta y ochenta y produjo una crisis internacional dentro de la profesión. Entenderlo exige distinguir dos cosas: una tradición diagnóstica soviética legítima, que difería en varios aspectos de las clasificaciones occidentales, y el uso deliberado del diagnóstico y de la internación para neutralizar disidentes. Reconocer lo primero no relativiza lo segundo.

Una tradición diagnóstica amplia

La escuela de Moscú vinculada a Andrei Snezhnevsky desarrolló una clasificación de la esquizofrenia basada en las formas de curso. Entre sus categorías estaba la esquizofrenia lenta, concebida como una evolución poco progresiva y con síntomas que podían ser bastante menos manifiestamente psicóticos que los exigidos por otros sistemas diagnósticos. El concepto tenía antecedentes en la psiquiatría rusa y soviética anteriores al período de abuso, y no se inventó para diagnosticar opositores.

Ahí residía su vulnerabilidad. Una categoría capaz de incluir cambios de personalidad, ideas sobrevaloradas o síntomas neuróticos podía aplicarse a personas sin psicosis evidente, y en los casos políticos documentados determinadas convicciones y comportamientos fueron reinterpretados como manifestaciones patológicas. La amplitud diagnóstica no produce abuso por sí misma; facilita una operación política cuando el Estado necesita convertir el desacuerdo en enfermedad.

Disidencia como objeto médico

La internación psiquiátrica ofrecía ventajas políticas específicas frente a una condena penal. Permitía desacreditar al disidente, presentar su oposición como irracional, mantenerlo internado durante un tiempo indeterminado y evitar reconocerlo como preso político. La medicina aportaba una justificación técnica a una decisión de seguridad estatal.

El Instituto Serbsky de Moscú ocupó un lugar central en las evaluaciones psiquiátrico-forenses, y los disidentes detenidos podían ser remitidos allí para determinar su responsabilidad o su necesidad de tratamiento. La institución realizaba también evaluaciones legítimas dentro del sistema soviético, y su participación en casos políticamente dirigidos convirtió una función forense ordinaria en un mecanismo de represión.

Algunos disidentes fueron internados en hospitales psiquiátricos especiales, bajo condiciones de seguridad estrictas. Los testimonios y los documentos describen aislamiento, restricciones, neurolépticos administrados coercitivamente y otros tratamientos aplicados sin indicación clínica legítima. La intervención médica podía funcionar entonces como castigo bajo apariencia de tratamiento.

Grigorenko y Gluzman

El general Pyotr Grigorenko, crítico del régimen, fue diagnosticado psiquiátricamente e internado. El psiquiatra ucraniano Semyon Gluzman realizó una evaluación independiente a partir de la documentación disponible y concluyó que Grigorenko no padecía ninguna enfermedad mental que justificara aquella clasificación. Gluzman fue detenido en 1972 y pasó después años en prisión y en exilio interno.

Su caso importa por una razón precisa: demuestra que la crítica al abuso no procedía únicamente de gobiernos occidentales ni de emigrados.

Documentación y Guerra Fría

Las denuncias internacionales se produjeron en plena Guerra Fría, cuando cada bloque utilizaba con fines propagandísticos la información sobre los abusos del otro. Las organizaciones profesionales intentaron por eso apoyarse en expedientes, entrevistas, testimonios y evaluaciones clínicas independientes.

Que una denuncia tuviera valor político para Occidente no permite descartar su contenido. La utilización propagandística y la existencia del abuso son dos preguntas históricas distintas, y confundirlas ha servido durante décadas para eludir la segunda.

La World Psychiatric Association

Durante los años setenta, el problema llegó a la World Psychiatric Association. En el Congreso Mundial de Honolulu de 1977, su Asamblea General aprobó por un margen estrecho una resolución que condenaba el abuso de la psiquiatría con fines políticos, con referencia específica a la extensa evidencia presentada sobre la Unión Soviética, y respaldó la creación de un mecanismo para revisar denuncias.

La intervención expandió el papel de una asociación científica hacia la vigilancia ética internacional y convirtió un conflicto que hasta entonces podía describirse como episodio de la Guerra Fría en un problema formal de la profesión.

En 1983, ante la perspectiva de una confrontación institucional y de una posible suspensión o expulsión, la All-Union Society of Neuropathologists and Psychiatrists se retiró de la WPA. La salida hizo del abuso político una crisis pública de la psiquiatría mundial, y no puso término inmediato a las prácticas denunciadas.

Durante la perestroika cambiaron las condiciones políticas. En octubre de 1989, en el Congreso Mundial de Atenas, la organización soviética fue readmitida de forma condicional por la Asamblea General, tras reconocer abusos previos y comprometerse a reformas. El regreso coincidió con la revisión de los diagnósticos de numerosos pacientes y con la transformación acelerada del sistema soviético.

No toda la psiquiatría soviética fue abuso

La psiquiatría soviética produjo investigación legítima y atención clínica ordinaria durante el mismo período. Reducir toda su historia a la represión resulta tan impreciso como describir el abuso como una simple diferencia nosológica.

El problema histórico es precisamente ese: unas instituciones médicas normales pueden albergar investigación válida y participar al mismo tiempo en prácticas políticamente dirigidas.

Una convergencia, no una causa

El abuso dependió de la convergencia entre unas categorías diagnósticas amplias, una psiquiatría forense poderosa, unas instituciones cerradas, unos órganos de seguridad interesados y la ausencia de independencia profesional. La esquizofrenia lenta importa porque proporcionó el lenguaje diagnóstico disponible, y por sí sola no explica nada.

La consecuencia internacional más duradera fue haber instalado una idea: la responsabilidad ética del psiquiatra puede entrar en conflicto con las demandas del Estado, y las asociaciones profesionales necesitan mecanismos para responder cuando eso ocurre.

Referencias seleccionadas

  1. van Voren R. Political abuse of psychiatry: an historical overview. Schizophr Bull. 2010;36(1):33–35.
  2. Wynn A. The Soviet Union and the World Psychiatric Association. Lancet. 1983;1(8321):406–408.
  3. Bloch S, Reddaway P. Soviet Psychiatric Abuse: The Shadow over World Psychiatry. London: Gollancz; 1984.
  4. Stefanis CN, Reisby N. The involvement of the World Psychiatric Association in the issue of political abuse of psychiatry. Acta Psychiatr Scand Suppl. 1993;370:14–18.
Cómo citar este recurso

Jonathan Alarcón C., ed. Abuso político de la psiquiatría en la Unión Soviética. Docencia en Psiquiatría. Revisión 25 de agosto de 2026. https://portal-docencia-psiquiatria-uc-hlf.pages.dev/historia/abuso-politico-de-la-psiquiatria-en-la-union-sovietica/

SerieHistoria de la Psiquiatría
Edición del proyectoJonathan Alarcón C.
Última revisión25 de agosto de 2026