Psiquiatría infanto-adolescente esencial para el médico general
Lectura clínica para internos de Medicina · Chile · 2026
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Psiquiatría infanto-adolescente esencial para el médico general
Texto íntegro del capítulo correspondiente del compendio docente, presentado con maquetación web.
Por qué importa
El médico general recibe consultas por dolor, bajo rendimiento, irritabilidad, problemas de sueño o esfínteres que pueden expresar sufrimiento, dificultades del neurodesarrollo o vulneraciones. Un diagnóstico apresurado estigmatiza; omitir riesgo suicida, intoxicación, psicosis o maltrato puede ser grave. La tarea es formular, integrar fuentes, resolver lo abordable y disponer derivación o protección proporcionada.
El Perfil EUNACOM versión 3 —que entra en vigencia con el examen de diciembre de 2026— incluye reconocimiento o manejo inicial de cuadros frecuentes infanto-adolescentes. Exige distinguir desarrollo de psicopatología, evaluar seguridad y conocer rutas chilenas.
Objetivos de aprendizaje
Al terminar este capítulo, el lector podrá:
1. Organizar una historia clínica que incluya desarrollo, familia, escuela, pares y múltiples informantes.
2. Reconocer presentaciones infantiles de depresión, ansiedad, somatización, autolesión y riesgo suicida.
3. Diferenciar inicialmente TDAH, conducta oposicionista, dificultades de aprendizaje, trastorno del espectro autista y discapacidad intelectual.
4. Evaluar y tratar inicialmente una enuresis no complicada y reconocer encopresis asociada a constipación.
5. Pesquisar consumo de sustancias y aplicar correctamente los alcances de GES 53 y GES 89.
6. Detectar maltrato o vulneración sin transformar la entrevista clínica en un interrogatorio forense.
7. Identificar criterios de urgencia y límites del manejo general.
Caso clínico
Antonia, de 14 años, consulta por dolor abdominal recurrente. Su madre describe irritabilidad y caída de notas; Antonia, entrevistada a solas, relata aislamiento, pérdida de interés, cortes superficiales y cannabis los fines de semana. Tomás, de 9 años, es derivado porque “no se concentra”; lee bajo lo esperado, moja la cama por la noche y evacúa heces duras cada cuatro días. Emilia, de 6 años, presenta poca reciprocidad conversacional, rigidez ante cambios, hipersensibilidad auditiva y crisis cuando se altera su rutina. Son tres problemas distintos: separarlos evita inventar un diagnóstico único para síntomas heterogéneos.
1. Una entrevista anclada en el desarrollo
Antes de etiquetar un síntoma, pregunte qué se espera para esa edad, desde cuándo ocurre, si representa un cambio y cuánto interfiere. Revise embarazo y período perinatal, hitos motores y del lenguaje, socialización, escolaridad, control de esfínteres y autonomía. Explore sueño, alimentación, actividad física, pantallas, enfermedades, fármacos, consumo, relaciones, sexualidad, trauma y estresores. En adolescentes puede ser útil una secuencia como hogar, educación, actividades, sustancias, sexualidad, ánimo y seguridad, sin convertirla en lista mecánica.
Explique al niño o adolescente el propósito de la consulta y los límites de confidencialidad. Integre una parte con cuidadores y, según madurez y seguridad, otra en privado. No prometa secreto absoluto: si aparece riesgo grave o vulneración deberá actuar, procurando informar al paciente qué se comunicará y por qué. La Ley 21.430 exige considerar interés superior, autonomía progresiva y derecho a ser oído.
Las discrepancias entre informantes son datos clínicos. Un niño puede funcionar bien en una casa estructurada y mal en una sala ruidosa; un adolescente puede ocultar autolesiones a sus padres. Solicite antecedentes escolares cuando sean pertinentes y autorizados. Las escalas de tamizaje ayudan a ordenar, pero no reemplazan entrevista, examen mental, curso ni funcionamiento. Una formulación útil resume cuatro capas: trayectoria del desarrollo, síndrome actual, contexto y riesgos/protecciones.
2. Ánimo, ansiedad, síntomas físicos y autolesión
La depresión infantil o adolescente puede manifestarse con irritabilidad, pérdida de interés, aislamiento, cambio de sueño o apetito, fatiga, somatización y deterioro escolar. Irritabilidad persistente no equivale a bipolaridad. Para sospechar manía busque un cambio episódico respecto de la línea basal, con ánimo elevado o muy irritable y aumento de energía, menor necesidad de dormir, aceleración, grandiosidad y actividad dirigida a objetivos. Dormir poco por pantallas y estar cansado al día siguiente no es menor necesidad de sueño.
La ansiedad adopta formas evolutivas: separación, fobias, ansiedad social, preocupación generalizada, pánico o rechazo escolar. Ante dolor abdominal, cefalea u otros síntomas, realice evaluación médica proporcional, valide el malestar y explore relación temporal con estrés. Deben evitarse dos extremos: estudios indefinidos sin hipótesis y atribuir prematuramente todo a “lo psicológico”. El objetivo es recuperar funcionamiento, no exigir ausencia total de síntomas antes de volver gradualmente a actividades.
Pregunte directamente por pensamientos de muerte, ideación, plan, intención, acceso a medios, intentos previos y consumo. Distinga autolesión sin intención suicida de intento suicida, pero no considere inocua la primera: puede regular emociones, comunicar sufrimiento o coexistir con riesgo de muerte. Explore precipitantes, letalidad, rescate, arrepentimiento, impulsividad, supervisión y factores protectores. Intento reciente, plan con medios disponibles, intoxicación, psicosis, agitación grave, incapacidad de autocuidado o ausencia de un adulto protector requieren evaluación urgente y un plan de seguridad concreto; una “promesa de no hacerse daño” no sustituye estas medidas.
3. Inatención, oposición y dificultades escolares
El TDAH supone un patrón persistente de inatención y/o hiperactividad-impulsividad incompatible con el nivel de desarrollo, presente desde la infancia, en al menos dos contextos y con interferencia relevante. No se diagnostica por una escala positiva ni porque el niño se mueva en consulta. Confirme ejemplos conductuales, inicio, curso e impacto; obtenga información de hogar y escuela. Busque privación de sueño, apnea, epilepsia de ausencias, ansiedad, depresión, trauma, consumo, dificultades sensoriales, TEA y trastorno específico del aprendizaje.
El trastorno oposicionista desafiante incluye irritabilidad, discusiones y desafío persistentes; el trastorno de conducta agrega agresión, destrucción, engaño, robo o transgresiones graves. Antes de atribuirlos a “mala crianza”, evalúe violencia, exclusión, pares, sustancias, lenguaje y aprendizaje. El manejo suele ser multimodal: psicoeducación, estrategias parentales consistentes y no violentas, adaptaciones escolares, hábitos de sueño, tratamiento de comorbilidad y derivación según gravedad. La medicación no reemplaza la intervención familiar y educativa.
Una dificultad focal y persistente en lectura, escritura o matemáticas, pese a enseñanza adecuada, orienta a trastorno específico del aprendizaje. Deben revisarse asistencia, calidad educativa, visión, audición, lenguaje y funcionamiento cognitivo. El médico integra antecedentes y deriva para evaluación apropiada; no concluye desde una nota escolar aislada.
4. Autismo y discapacidad intelectual
En el trastorno del espectro autista existen diferencias persistentes en comunicación e interacción social junto con patrones restringidos o repetitivos, intereses intensos, rigidez o particularidades sensoriales, originados en el período del desarrollo. La presentación varía con edad, lenguaje, género y apoyos; contacto visual presente o afecto hacia la familia no lo descartan. Interrogue sobre reciprocidad, juego, gestos, amistades, flexibilidad y sensibilidad sensorial, y descarte pérdida adquirida de habilidades.
Adapte la consulta: anticipe lo que ocurrirá, use lenguaje concreto, reduzca estímulos, conceda tiempo de procesamiento y permita apoyos reguladores. Una crisis ante sobrecarga no debe asumirse como manipulación.
La discapacidad intelectual requiere limitaciones en funciones intelectuales y, de manera central, en funcionamiento adaptativo conceptual, social y práctico, con inicio durante el desarrollo. El cociente intelectual aislado no define gravedad ni necesidades. El médico utiliza informes psicométricos dentro de una evaluación clínica y funcional; no administra ni interpreta autónomamente WISC o WAIS sin competencia específica. Emplee lenguaje respetuoso y describa apoyos requeridos, no sólo déficit.
5. Enuresis y encopresis
La enuresis corresponde a emisión urinaria involuntaria a una edad en que se espera continencia, habitualmente desde los cinco años. Distinga nocturna o diurna, primaria o secundaria, y monosintomática —sin otros síntomas urinarios— o no monosintomática. Pregunte por urgencia, chorro débil, infecciones, constipación, ronquido, poliuria, polidipsia, fármacos, estrés y período previo seco. Examine abdomen, región lumbosacra y neurología dirigida; solicite orina u otros estudios sólo según la hipótesis. Inicio secundario, síntomas diurnos, infección, pérdida de peso, anomalías neurológicas o mal estado general exigen ampliar evaluación.
Explique que no es voluntaria ni merece castigo. Indique micciones regulares, acceso fácil al baño, líquidos suficientes distribuidos durante el día y manejo de constipación. Una alarma nocturna exige motivación y constancia, pero ofrece respuesta más durable. La desmopresina puede ayudar cuando se busca control rápido o la alarma no es factible; debe acompañarse de restricción de líquidos nocturnos e instrucciones para suspenderla durante vómitos o cuadros que alteren el balance hídrico, por riesgo de hiponatremia.
La encopresis se relaciona con frecuencia con constipación y retención: el recto distendido reduce sensibilidad y permite rebalse. El tratamiento incluye desimpactación cuando corresponde, mantención prolongada, rutina de baño después de comidas y refuerzo no punitivo. Dolor intenso, sangre persistente, retraso ponderal, distensión marcada o signos neurológicos obligan a buscar causas orgánicas.
6. Sustancias, protección y red chilena
Con adolescentes, explore sustancias en privado y sin moralizar: frecuencia, cantidad, contexto, consecuencias, conducción, policonsumo y función del uso. CRAFFT puede apoyar pesquisa. Busque sobredosis, abstinencia, psicosis, explotación, violencia, deserción y suicidalidad. GES 53 cubre a menores de 20 años con consumo perjudicial o dependencia de riesgo bajo a moderado confirmados, con inicio de tratamiento dentro de diez días desde la confirmación y seguimiento. No debe extrapolarse a consumo de riesgo aislado, dependencia grave o desintoxicación, que requieren otra ruta clínica.
GES 89 se aplica a menores de 15 años con depresión grave, refractaria o psicótica y riesgo suicida, una vez confirmada. Garantiza tratamiento inmediato desde la confirmación y consulta con especialista dentro de 30 días desde la derivación; ante riesgo actual no se espera el plazo administrativo.
Ante posible maltrato, atienda lesiones y determine seguridad inmediata. Escuche con calma, formule sólo preguntas abiertas necesarias, registre palabras relevantes de manera textual, hallazgos, fuente y acciones. No confronte al presunto agresor ni repita interrogatorios. Active jefatura y rutas institucionales de protección y denuncia aplicables. La prioridad es cuidar y preservar un relato espontáneo, no producir una declaración forense.
Errores frecuentes
- Diagnosticar a partir del relato de un solo adulto o de una escala aislada.
- Interpretar toda irritabilidad como manía o toda inatención como TDAH.
- Confundir puntaje intelectual con funcionamiento adaptativo.
- Castigar enuresis, encopresis o crisis por sobrecarga sensorial.
- Prometer confidencialidad absoluta o interrogar repetidamente ante sospecha de abuso.
- Esperar un plazo GES frente a intento suicida, intoxicación, psicosis o falta de protección.
Para recordar
1. En niños y adolescentes, el desarrollo y el contexto son parte del diagnóstico.
2. La evaluación integra la voz del paciente, cuidadores y entornos pertinentes, sin exigir concordancia artificial.
3. Irritabilidad no es sinónimo de bipolaridad e inatención no es sinónimo de TDAH.
4. Enuresis y encopresis se investigan y tratan; nunca se castigan.
5. Riesgo suicida, intoxicación, psicosis, maltrato o ausencia de protección obligan a escalar la atención.
Bibliografía esencial
- EUNACOM. Perfil de Conocimientos EUNACOM, versión 3. Publicado en junio de 2026; aplicable desde el examen de diciembre de 2026. Perfil oficial.
- World Health Organization. Clinical Descriptions and Diagnostic Requirements for ICD-11 Mental, Behavioural and Neurodevelopmental Disorders. Geneva: WHO; 2024. Documento.
- National Institute for Health and Care Excellence. Attention deficit hyperactivity disorder: diagnosis and management (NG87). London: NICE; 2018, actualización vigente. Recomendaciones.
- Austin PF, Bauer SB, Bower W, et al. The standardization of terminology of lower urinary tract function in children and adolescents: update report from the ICCS. J Pediatr Urol. 2016;12(4):186–194.
- Chile. Ley N.º 21.430, sobre garantías y protección integral de los derechos de la niñez y adolescencia. 2022. Texto oficial.
- Ministerio de Salud de Chile. GES 53: Consumo perjudicial o dependencia de riesgo bajo a moderado de alcohol y drogas en personas menores de 20 años; y GES 89: Tratamiento de la depresión grave en personas menores de 15 años. GES 53 · GES 89.