Cocaína, anfetaminas, MDMA, alucinógenos y nuevas sustancias psicoactivas
Lectura clínica para internos de Medicina · Chile · 2026
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Cocaína, anfetaminas, MDMA, alucinógenos y nuevas sustancias psicoactivas
Texto íntegro del capítulo correspondiente del compendio docente, presentado con maquetación web.
Por qué importa
Agitación, paranoia y conducta extraña pueden parecer una urgencia exclusivamente psiquiátrica. Si coexisten hipertermia, dolor torácico, convulsión o focalidad neurológica, el peligro inmediato es médico. Además, “éxtasis”, “tusi” o “cocaína” describen productos vendidos, no composiciones verificadas.
El interno debe reconocer patrones clínicos, comunicar incertidumbre y reevaluar después de estabilización y sueño. Nombrar con seguridad una sustancia desconocida es menos científico que decir “toxíndrome simpaticomimético compatible con exposición a estimulantes”.
Objetivos de aprendizaje
Al terminar este capítulo, el estudiante podrá:
1. Reconocer y diferenciar toxíndromes simpaticomimético, anticolinérgico y serotoninérgico.
2. Identificar complicaciones cardiovasculares, neurológicas, térmicas y psiquiátricas.
3. Iniciar manejo de agitación, hipertermia y convulsiones y derivar oportunamente.
4. Reconocer particularidades de MDMA, psicodélicos y disociativos.
5. Comprender los límites del toxicológico frente a nuevas sustancias.
6. Describir la caída de estimulantes y el tratamiento longitudinal basado en evidencia.
Caso clínico
Rodrigo, de 29 años, llega desde una fiesta con agitación, temperatura central elevada, taquicardia, hipertensión y conducta persecutoria. Sus amigos dicen que tomó “éxtasis puro”, pero también cocaína, alcohol y un polvo rosado vendido como “tusi”. Tiene clonus en extremidades inferiores y ha bebido varios litros de agua. Un panel rápido resulta positivo para cocaína y negativo para anfetaminas.
El tratamiento no puede esperar la identificación exacta. Rodrigo presenta hipertermia y un toxíndrome mixto posible, con riesgo de hiponatremia, síndrome serotoninérgico y lesión orgánica.
La entrevista inicial debe ser pragmática: hora y vía de cada exposición, cantidad aproximada, redosificación, fármacos prescritos, suplementos, temperatura ambiental, actividad física y volumen de líquidos. La información de acompañantes puede ser decisiva, pero se registra como relato, no como composición comprobada.
Reconocer toxíndromes y alarmas
El simpaticomimético combina agitación, ansiedad, hipervigilancia, midriasis, diaforesis, taquicardia, hipertensión e hipertermia. El anticolinérgico puede compartir midriasis, taquicardia y delirium, pero suele mostrar piel y mucosas secas, retención urinaria y reducción de ruidos intestinales. El serotoninérgico agrega actividad neuromuscular característica, como clonus, hiperreflexia y temblor, además de alteraciones autonómicas y mentales.
Los cuadros pueden mezclarse y ninguna lista reemplaza el examen. Dolor torácico, disnea, temperatura elevada, convulsión, déficit focal, rigidez, alteración de conciencia, acidosis o agitación extrema son alarmas. Se evalúan vía aérea, ventilación y circulación, glicemia, temperatura central, ECG y monitorización. Electrolitos, función renal, CK, troponina, gases, coagulación e imágenes se seleccionan por clínica.
Un paciente joven no está protegido de infarto, disección aórtica, accidente cerebrovascular, arritmia, rabdomiólisis o falla multiorgánica. El motivo “crisis de pánico” no debe ocultar el examen cardiovascular y neurológico.
La intensidad conductual tampoco predice por sí sola la gravedad fisiológica. Una persona muy agitada puede conservar parámetros estables, mientras otra aparentemente tranquila puede estar agotada, acidótica o evolucionando a colapso. La reevaluación seriada de temperatura, conciencia, perfusión y ventilación es más segura que una fotografía única.
Cocaína y anfetaminas
Cocaína tiene inicio rápido y duración relativamente breve, lo que favorece redosificación. La combinación con alcohol genera cocaetileno y se asocia a mayor toxicidad cardiovascular. Anfetamina y metanfetamina suelen producir efectos más prolongados, privación de sueño y persistencia de paranoia o psicosis.
Además de ansiedad y agitación pueden aparecer pánico, irritabilidad, grandiosidad, estereotipias, formicación, ideas persecutorias y alucinaciones. La psicosis inducida no es necesariamente benigna. Se pregunta por síntomas previos, episodios sin consumo, dosis, sueño y evolución durante abstinencia.
La exposición crónica puede asociarse con pérdida de peso, enfermedad dental, cardiomiopatía, deterioro social e infecciones según vía. Levamisol y otros adulterantes añaden riesgos que el usuario no puede anticipar. El panel urinario puede tener reacciones cruzadas y ventanas limitadas; un resultado negativo no excluye estimulantes sintéticos.
Manejo agudo de estimulación e hipertermia
Se reduce estimulación ambiental, se establece monitorización y se evita una confrontación que aumente actividad muscular. Benzodiazepinas constituyen una base frecuente del tratamiento de agitación simpaticomimética, convulsiones e hiperactividad adrenérgica, con titulación y vigilancia ventilatoria. Si persiste psicosis o agitación, un antipsicótico puede utilizarse como complemento valorando temperatura, QT, umbral convulsivo e interacciones.
La hipertermia tóxica requiere enfriamiento externo activo, sedación adecuada y tratamiento de complicaciones. Los antipiréticos no corrigen una producción muscular de calor que no depende del punto de regulación hipotalámico. Se vigilan rabdomiólisis, potasio, función renal, coagulación y acidosis.
Dolor torácico y cambios electrocardiográficos se manejan como urgencia cardiovascular concomitante, no como “ansiedad por cocaína”. La hipertensión extrema, la arritmia o la isquemia requieren coordinación con urgencia, toxicología y cardiología según disponibilidad. La meta inicial es reducir agitación y descarga adrenérgica sin producir depresión respiratoria inadvertida ni retrasar el estudio de una catástrofe vascular.
La contención física prolongada aumenta lucha, catecolaminas, acidosis y calor. Si es imprescindible para evitar daño inmediato, debe ser proporcional, breve, monitorizada y acompañada del tratamiento que permita retirarla. “Calmarlo a la fuerza” sin controlar temperatura ni oxigenación es una intervención peligrosa.
MDMA, hiponatremia y síndrome serotoninérgico
MDMA tiene efectos estimulantes, entactógenos y serotoninérgicos. Puede provocar hipertermia, bruxismo, agitación, arritmias, síndrome serotoninérgico y falla orgánica. El riesgo aumenta con otros serotoninérgicos, estimulantes y ambientes calurosos con actividad física intensa.
La hiponatremia puede resultar de secreción inapropiada de hormona antidiurética y consumo excesivo de agua. Cefalea, vómitos, confusión o convulsiones obligan a medir sodio y tratar según gravedad. Recomendar “beber toda el agua posible” es incorrecto; la hidratación debe ser prudente y acorde a pérdidas y condiciones.
La hiponatremia sintomática grave es una emergencia que puede requerir solución salina hipertónica bajo protocolo y controles estrechos, porque tanto la encefalopatía como una corrección inadecuada pueden causar daño. No se debe atribuir una convulsión automáticamente a “sobredosis” sin revisar sodio, temperatura, glucosa y otras causas tratables.
El síndrome serotoninérgico se diagnostica clínicamente por exposición compatible, alteraciones mentales y autonómicas con hiperactividad neuromuscular. Se suspenden agentes serotoninérgicos, se proporciona soporte, sedación y enfriamiento; los casos graves requieren cuidados críticos. No toda hipertermia en una fiesta es un “mal viaje”.
Psicodélicos, disociativos y nuevas sustancias
Los psicodélicos clásicos pueden alterar percepción, tiempo, sentido del yo y pensamiento. Un episodio no complicado suele manejarse con ambiente tranquilo, orientación y acompañamiento. Pánico, conducta peligrosa, manía, psicosis persistente o alteraciones perceptivas prolongadas requieren evaluación especializada y descarte de otras sustancias.
Ketamina y otros disociativos producen analgesia, deterioro motor, amnesia y experiencias de separación del cuerpo. Uso repetido puede llevar a trastorno por consumo y daño urinario. Fenciclidina y análogos pueden generar agitación intensa, analgesia, hipertensión y nistagmo.
Las nuevas sustancias incluyen catinonas, cannabinoides sintéticos, benzodiazepinas de diseño y opioides sintéticos como nitazenos. UNODC continúa registrando cientos de compuestos; los paneles clínicos habituales detectan sólo una fracción. Productos llamados “tusi” pueden contener ketamina, MDMA, estimulantes, cafeína u otras mezclas sin relación con 2C-B. También se ha descrito contaminación de estimulantes y comprimidos falsificados con opioides sintéticos: una depresión ventilatoria inesperada obliga a ventilar y administrar naloxona sin esperar confirmación. Se trata el toxíndrome y se consulta a toxicología cuando está disponible.
Una muestra se conserva sólo conforme a protocolo y cadena de custodia. La prioridad no es resolver una investigación química antes de ventilar, enfriar o tratar una convulsión.
Caída, abstinencia y tratamiento longitudinal
Después del uso de estimulantes pueden aparecer fatiga, hipersomnia o insomnio, disforia, anhedonia, ansiedad, irritabilidad, craving e ideación suicida. Se supervisa la caída si existe depresión intensa, psicosis, desnutrición o escaso soporte. La desaparición de la agitación no equivale a alta segura.
El manejo de contingencias tiene el respaldo más consistente para trastornos por estimulantes. TCC, intervención comunitaria, reducción de daños y tratamiento de comorbilidades lo complementan. No existe una farmacoterapia universalmente aprobada; guías especializadas permiten considerar medicamentos fuera de indicación en subgrupos definidos, con monitorización y sin presentarlos como estándar general.
La evaluación longitudinal documenta frecuencia, cantidad, vías, craving, control, consecuencias y períodos de abstinencia. Los objetivos pueden incluir suspender, reducir exposición, evitar mezclas, no conducir, dormir y alimentarse, disminuir riesgos sexuales y mantener contacto asistencial. Según el mercado y la disponibilidad local, se conversa sobre naloxona para testigos y análisis de sustancias como medidas complementarias, explicando que un test negativo no garantiza pureza. El manejo de contingencias no es “pagar por portarse bien”: es una intervención estructurada que refuerza conductas verificables y debe implementarse con reglas clínicas transparentes.
Se abordan sueño, trauma, TDAH, vivienda, sexualidad, infecciones y red social. En Rodrigo, la reevaluación psiquiátrica ocurre después de controlar hipertermia, sodio y agitación. Su panel negativo para anfetaminas no valida la composición declarada.
Errores frecuentes
- Esperar confirmación toxicológica antes de tratar.
- Confundir piel sudorosa con toxíndrome anticolinérgico.
- Usar antipiréticos como tratamiento principal de hipertermia tóxica.
- Recomendar agua ilimitada durante uso de MDMA.
- Considerar toda paranoia como esquizofrenia.
- Mantener contención física prolongada sin sedación ni monitorización.
- Dar de alta durante la caída sin evaluar depresión y suicidio.
Para recordar
1. Reconozca el toxíndrome antes de perseguir el nombre callejero.
2. Hipertermia, dolor torácico, convulsión y focalidad son alarmas médicas.
3. Sedación adecuada y enfriamiento vencen a la lucha física prolongada.
4. Un panel negativo no excluye nuevas sustancias ni mezclas.
5. El tratamiento longitudinal es psicosocial, integrado y sostenido.
Bibliografía esencial
- American Society of Addiction Medicine & American Academy of Addiction Psychiatry. The ASAM/AAAP Clinical Practice Guideline on the Management of Stimulant Use Disorder. 2024. Guía.
- Centers for Disease Control and Prevention. La sobredosis con estimulantes. Actualización 2026. Recurso oficial.
- Department of Veterans Affairs & Department of Defense. VA/DoD Clinical Practice Guideline for the Management of Substance Use Disorders. 2021. Guía.
- United Nations Office on Drugs and Crime. Early Warning Advisory on New Psychoactive Substances. Actualizaciones 2025–2026. Sistema oficial.
- World Health Organization. Clinical descriptions and diagnostic requirements for ICD-11 mental, behavioural and neurodevelopmental disorders. 2024. Publicación.
- Centers for Disease Control and Prevention. Fentanilo. Actualización 2026. Recurso oficial.