Trastorno de pánico y agorafobia
Lectura clínica para internos de Medicina · Chile · 2026
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Trastorno de pánico y agorafobia
Texto íntegro del capítulo correspondiente del compendio docente, presentado con maquetación web.
Por qué importa
Palpitaciones, disnea, dolor torácico y sensación de muerte pueden corresponder a pánico, arritmia, asma, tromboembolismo, hipoglicemia, intoxicación u otras condiciones. Declarar “es ansiedad” sin evaluación expone a omisiones graves; repetir baterías completas pese a episodios estereotipados y estudios apropiados puede reforzar la creencia de que existe un peligro corporal aún no descubierto.
La buena atención combina seguridad médica, validación y una explicación que facilite tratamiento. “No tiene nada” es falso: la persona tiene síntomas, sufrimiento y pérdida de libertad, aunque no exista la catástrofe que teme.
Objetivos de aprendizaje
Al finalizar este capítulo, el estudiante podrá:
1. Reconocer una crisis de pánico y diferenciarla del trastorno de pánico.
2. Caracterizar agorafobia y distinguirla de evitación inespecífica.
3. Identificar banderas rojas cardiopulmonares, neurológicas, endocrinas y tóxicas.
4. Explicar el ciclo de pánico de manera fisiológica y no invalidante.
5. Comprender los componentes centrales de la terapia cognitivo-conductual.
6. Seleccionar farmacoterapia de primera línea cuando esté indicada.
7. Evitar benzodiazepinas crónicas, reaseguro y estudios repetitivos sin nueva hipótesis.
Caso clínico
Paula, de 34 años, ha consultado cuatro veces en urgencia por episodios súbitos de palpitaciones, opresión torácica, disnea, mareo, desrealización y temor a morir. Dos evaluaciones cardiológicas fueron normales. Ahora evita Metro, túneles y filas porque teme no poder escapar si reaparecen los síntomas. Toma clonazepam antes de salir, viaja sólo acompañada y revisa un oxímetro cada pocos minutos.
El caso no se resuelve diciendo que “todo es psicológico”. Requiere comprobar que el patrón actual no contiene nuevas señales médicas, reconocer trastorno de pánico y agorafobia, y mostrar cómo el sedante, el acompañante obligatorio y el oxímetro funcionan como conductas de seguridad.
Crisis de pánico, trastorno de pánico y agorafobia
Una crisis de pánico es una oleada abrupta de miedo o malestar intenso que alcanza rápidamente un máximo y combina síntomas físicos y cognitivos: palpitaciones, sudoración, temblor, disnea, sensación de ahogo, molestias torácicas, náuseas, mareo, escalofríos o calor, parestesias, desrealización, despersonalización y temor a perder el control o morir. Puede ser esperada ante un estímulo fóbico o inesperada, y aparecer en múltiples trastornos, enfermedades o exposiciones.
El trastorno de pánico exige crisis inesperadas recurrentes y, después de al menos una de ellas, un mes o más de preocupación persistente por nuevas crisis o sus consecuencias y/o un cambio conductual desadaptativo. Una crisis aislada durante una intoxicación, un examen oral o un recuerdo traumático no basta. Se deben excluir efectos de sustancias y otras condiciones, y comprobar que otro trastorno no explica mejor los episodios.
La agorafobia es temor o ansiedad ante situaciones donde escapar o recibir ayuda se percibe difícil si aparecen síntomas incapacitantes o embarazosos. DSM-5-TR requiere temor en dos o más de cinco grupos situacionales —transporte público, espacios abiertos, lugares cerrados, filas o multitudes y estar fuera de casa a solas—, persistente habitualmente por seis meses o más. La persona evita, soporta con intenso temor o necesita compañía. Puede coexistir con trastorno de pánico, pero también presentarse sin él. CIE-11 formula el cuadro con requisitos propios; por eso conviene declarar la clasificación utilizada. No toda restricción de movilidad es agorafobia: depresión, psicosis, ansiedad social, discapacidad física y riesgo ambiental requieren otra formulación.
El ciclo que mantiene el pánico
Una sensación corporal —taquicardia tras subir una escalera— se interpreta como señal de catástrofe: “voy a infartarme”. La atención se estrecha sobre el cuerpo, aumenta la activación autonómica y aparecen más sensaciones, que confirman la predicción. Escapar reduce el miedo y enseña que la salida evitó el desastre. Revisar el pulso, llevar fármacos de rescate, ubicarse junto a la puerta o depender de un acompañante cumplen la misma función.
Estas conductas no son absurdas ni voluntariamente causantes del cuadro; son intentos comprensibles de control. El problema es el aprendizaje: la persona nunca comprueba qué habría ocurrido sin ellas. Respirar de forma lenta puede reducir hiperventilación, pero si se convierte en ritual indispensable también puede mantener la idea “sin controlar cada respiración, colapso”.
La explicación debe vincular síntomas reales con activación autonómica, hiperventilación y percepción de amenaza, sin prometer que todo síntoma futuro será benigno. Se acuerda qué cambios justificarían una nueva evaluación médica.
Evaluación médica dirigida
Se reconstruye cada episodio: comienzo, duración, actividad realizada, dolor, síncope, esfuerzo, fiebre, focalidad, embarazo posible, antecedentes y diferencias respecto de crisis previas. Se revisan cafeína, nicotina, cannabis, cocaína, anfetaminas, energizantes, descongestionantes y abstinencia de alcohol o benzodiazepinas.
Elevan la urgencia el inicio durante esfuerzo, síncope verdadero, arritmia documentada, dolor persistente o distinto del habitual, hipoxia, hemoptisis, signos de tromboembolismo, déficit neurológico, convulsión, fiebre o inestabilidad fisiológica. Entre los diferenciales se incluyen síndrome coronario y arritmias, asma, tromboembolismo, hipoglicemia, hipertiroidismo, anemia, epilepsia y trastornos vestibulares.
Signos vitales, examen físico, electrocardiograma, glicemia y otros estudios se eligen según edad, contexto, hallazgos y riesgo. Una evaluación previa normal modifica probabilidades, pero no invalida síntomas nuevos. A la inversa, solicitar el mismo panel sin cambio clínico puede crear cascadas diagnósticas y reforzar reaseguro.
Manejo durante una crisis
El clínico se presenta, reduce estímulos, usa frases breves y explica que evaluará seguridad. No conviene declarar pánico antes de descartar lo urgente ni dramatizar cada sensación. Se favorece una respiración regular y no forzada, orientación al entorno y permanencia acompañada mientras disminuye la respuesta autonómica. La bolsa de papel no debe utilizarse: si la causa es hipoxia u otra enfermedad, puede ser peligrosa.
Una benzodiazepina no es necesaria para toda crisis. Su uso ocasional puede considerarse en situaciones seleccionadas después de evaluar depresión respiratoria, intoxicación, caídas y riesgo de dependencia, pero convertirla en la única forma de terminar cada episodio consolida dependencia conductual y farmacológica. La explicación detallada y el plan se realizan cuando la activación permite procesarlos.
Terapia cognitivo-conductual y exposición
La terapia cognitivo-conductual (TCC) incluye psicoeducación, examen de interpretaciones catastróficas, exposición interoceptiva a sensaciones temidas y exposición gradual a situaciones evitadas. La exposición no es una orden de “aguantar” ni una prueba de valentía: se diseña colaborativamente, se repite y reduce progresivamente escape y conductas de seguridad.
La exposición interoceptiva permite aprender que sensaciones como mareo, taquicardia o disnea son tolerables y no predicen necesariamente catástrofe. Antes se consideran contraindicaciones médicas y se realiza dentro de un tratamiento, no como ejercicio improvisado. En agorafobia, la meta no es sólo reducir crisis en casa, sino recuperar desplazamiento, estudio, trabajo y vínculos.
Farmacoterapia y continuidad
Los inhibidores selectivos de recaptación de serotonina (ISRS) y algunos inhibidores de recaptación de serotonina y noradrenalina (IRSN) son opciones de primera línea cuando la gravedad, preferencia o acceso lo justifican. Se inicia habitualmente con dosis baja y titulación gradual porque la activación inicial puede ser malinterpretada como peligro. Se explica que la respuesta no es inmediata y se controla tolerancia, adherencia, ánimo y suicidalidad.
Después de respuesta se mantiene tratamiento durante un período suficiente para consolidarla y se retira gradualmente. Una suspensión brusca puede producir síntomas de discontinuación que se confunden con recaída. Antidepresivos tricíclicos pueden ser eficaces, pero su tolerabilidad y toxicidad limitan su lugar. Los betabloqueadores no tratan el núcleo del trastorno de pánico.
Las benzodiazepinas aportan alivio rápido, pero conllevan tolerancia, dependencia, rebote, deterioro psicomotor y riesgos al combinarlas con alcohol u opioides. También pueden interferir con la atribución del aprendizaje durante exposición. Si Paula las usa regularmente, el retiro debe ser gradual y supervisado; no se suspenden de manera abrupta.
Comorbilidad y seguimiento
Se buscan depresión, ansiedad social, trastorno por estrés postraumático, ansiedad por enfermedad, consumo y agorafobia. El pánico no protege del suicidio; desesperanza, depresión y deterioro requieren exploración directa. El seguimiento mide frecuencia de crisis, ansiedad anticipatoria, evitación, conductas de seguridad, consultas a urgencia y función. Una crisis ocasional con vida recuperada puede representar mejor evolución que ausencia de crisis a costa de no salir.
En Paula, el plan razonable integra explicación, TCC con exposición, eventual ISRS o IRSN y retiro gradual del clonazepam si está cronificado. El oxímetro y el acompañamiento se reducen de forma planificada, no mediante prohibición humillante.
Errores frecuentes
- Diagnosticar pánico antes de evaluar banderas rojas.
- Decir “no tiene nada” o atribuir voluntariamente los síntomas a la persona.
- Usar una bolsa de papel.
- Repetir estudios completos indefinidamente sin un cambio o hipótesis nueva.
- Tratar sólo con benzodiazepinas o suspenderlas bruscamente.
- Confundir ausencia de crisis dentro de casa con recuperación.
- Convertir respiración, oxímetro o acompañante en requisitos permanentes.
Para recordar
1. Crisis de pánico no equivale a trastorno de pánico ni identifica una causa.
2. El descarte médico se guía por patrón, banderas rojas y cambios respecto de episodios previos.
3. Evitación y conductas de seguridad alivian a corto plazo y mantienen el temor.
4. TCC con exposición e ISRS o IRSN son tratamientos centrales según necesidad y preferencia.
5. El objetivo es recuperar función y libertad de movimiento, no organizar una vida sin sensaciones corporales.
Bibliografía esencial
- American Psychiatric Association. Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders: DSM-5-TR. American Psychiatric Association Publishing; 2022. DOI.
- World Health Organization. Clinical Descriptions and Diagnostic Requirements for ICD-11 Mental, Behavioural and Neurodevelopmental Disorders. 2024. Publicación oficial.
- National Institute for Health and Care Excellence. Generalised anxiety disorder and panic disorder in adults: management. CG113; 2011, última actualización clínica 2020, revisada 2024 y con actualización de enlaces en 2026. Guía.
- Craske MG, Stein MB. Anxiety. Lancet. 2016;388(10063):3048–3059. DOI.
- Pompoli A, Furukawa TA, Imai H, et al. Psychological therapies for panic disorder with or without agoraphobia in adults: a network meta-analysis. Cochrane Database of Systematic Reviews. 2016;(4):CD011004. DOI.