Examen mental II: ánimo, afecto, ansiedad, voluntad e impulsos
Lectura clínica para internos de Medicina · Chile · 2026
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Examen mental II: ánimo, afecto, ansiedad, voluntad e impulsos
Texto íntegro del capítulo correspondiente del compendio docente, presentado con maquetación web.
Por qué importa
“Ánimo triste y afecto depresivo” suele escribirse como una fórmula automática. Sin embargo, el llanto no demuestra por sí solo un ánimo deprimido y una sonrisa no lo descarta. Del mismo modo, la dificultad para levantarse puede provenir de anhedonia, apatía, fatiga, enlentecimiento, ansiedad, sedación o una condición médica. Usar una palabra imprecisa puede orientar mal el diagnóstico y el tratamiento.
El examen de estos dominios combina preguntas sobre la experiencia interna con observación y ejemplos conductuales. El objetivo no es clasificar emociones normales como síntomas, sino determinar cambio respecto del basal, persistencia, contexto, control, interferencia y relación con otros fenómenos. En especial, la ansiedad somática y la desinhibición obligan a mantener un diagnóstico diferencial médico, farmacológico y por sustancias.
Objetivos de aprendizaje
- Diferenciar ánimo subjetivo y afecto observado.
- Describir afecto por rango, intensidad, estabilidad, reactividad y congruencia contextual.
- Caracterizar ansiedad, miedo, preocupación y crisis de pánico sin convertirlos automáticamente en trastornos.
- Distinguir anhedonia, apatía, abulia, fatiga y enlentecimiento psicomotor.
- Explorar impulsividad y conductas de riesgo mediante antecedentes, grado de planificación y consecuencias.
- Evaluar sueño, apetito y sexualidad como cambios respecto del funcionamiento habitual.
- Redactar hallazgos sin sobrediagnosticar a partir de una conducta aislada.
Caso clínico
Carolina, de 41 años, responde inicialmente que su ánimo está “bien”, pero después relata seis semanas de tristeza, pérdida de interés, culpa y dificultad para iniciar tareas. Durante la entrevista mantiene un afecto de predominio triste, con rango reducido, aunque sonríe al recordar a su padre y se emociona al hablar de sus hijos. Refiere episodios de palpitaciones y temor intenso que llama “ataques de pánico”, sin que aún se hayan precisado inicio, duración, desencadenantes ni evaluación médica. Duerme cuatro horas y se siente agotada al día siguiente. Ha dejado de cocinar porque “nada vale la pena”, pero logra preparar alimentos cuando sus hijos lo necesitan. El caso exige describir reactividad, motivación y función antes de asignar etiquetas.
Ánimo: la experiencia sostenida
El ánimo es el tono emocional subjetivo predominante durante un período. Se explora con preguntas abiertas —“¿Cómo se ha sentido la mayor parte de los días?”— y luego se precisan calidad, duración, variación, intensidad, desencadenantes e impacto. Las palabras de la persona pueden no coincidir con el vocabulario técnico: “vacío”, “irritable”, “apagado” o “sobrepasada” requieren clarificación.
Un estado de ánimo puede ser deprimido, elevado, expansivo, irritable, ansioso o relativamente eutímico, entre otras descripciones. “Eutimia” no significa ausencia de toda emoción ni se concluye sólo porque alguien sonría. La irritabilidad es transdiagnóstica: puede aparecer en depresión, manía, ansiedad, trauma, dolor, abstinencia, privación de sueño o situaciones comprensibles.
La evaluación siempre se ancla al tiempo y al basal. Una reacción intensa y breve ante una pérdida no equivale por sí misma a un episodio depresivo. Un período de alegría tampoco constituye hipomanía. Para evaluar elevación patológica se consideran menor necesidad de sueño, aumento de actividad dirigida a metas, presión del habla, grandiosidad, desinhibición, duración y cambio funcional.
Cuando la respuesta verbal parece discordante con otros datos, se explora sin acusar. “Me dice que está bien, pero también que dejó casi todas sus actividades; ¿cómo entiende esa diferencia?” puede revelar minimización, automatismo social, dificultad para identificar emociones o un cambio ocurrido durante la entrevista.
Afecto: la expresión observada
El afecto es la expresión emocional apreciable en rostro, voz, postura, gestos y relación. Se describe mediante varias dimensiones, no sólo como “adecuado” o “inadecuado”. El rango puede ser amplio, reducido o prácticamente ausente; la intensidad, baja o aumentada; la estabilidad, sostenida o cambiante; la reactividad, presente o limitada frente a temas y estímulos; y la modulación, ajustada o difícil de regular.
La labilidad implica cambios rápidos, marcados y poco controlados, no simplemente emoción intensa. La reactividad es la capacidad de modificar la expresión en respuesta a acontecimientos. Una persona deprimida puede conservar reactividad, y eso no invalida el diagnóstico. El aplanamiento afectivo describe una disminución notable de expresión; no es sinónimo de anhedonia ni demuestra esquizofrenia, pues también puede asociarse a fármacos, trastornos neurológicos, depresión grave o estilo expresivo.
La congruencia se valora entre afecto y contenido o ánimo referido. Una aparente incongruencia exige explorar contexto. Sonreír al contar algo doloroso puede expresar vergüenza, ansiedad, cortesía o regulación interpersonal. La expresión emocional también varía culturalmente. Antes de escribir “afecto inapropiado”, debe describirse qué ocurrió y considerar explicaciones alternativas.
En Carolina podría registrarse: “Refiere ánimo deprimido la mayor parte de los días. Afecto de predominio triste y rango reducido, reactivo al hablar de vínculos significativos, congruente con los contenidos abordados”. Esta formulación separa experiencia y observación.
Ansiedad, miedo y pánico
La ansiedad es una respuesta anticipatoria frente a amenaza posible; el miedo se relaciona más directamente con una amenaza percibida como inmediata. Ambos pueden ser adaptativos, síntomas de múltiples trastornos o consecuencias de enfermedades y sustancias. Se exploran componentes cognitivos, autonómicos, motores y conductuales: preocupación, hipervigilancia, tensión, palpitaciones, disnea, temblor, evitación, comprobación y búsqueda de seguridad.
Una crisis de pánico es un ascenso rápido de miedo o malestar intenso acompañado de síntomas físicos y cognitivos. Una crisis aislada no equivale a trastorno de pánico. Debe precisarse si fue inesperada o situacional, cuánto tardó en alcanzar el máximo, qué temió la persona, qué síntomas aparecieron y qué cambió después. La evitación persistente y el temor a nuevas crisis son relevantes para el diagnóstico longitudinal.
Síntomas como dolor torácico, síncope, disnea, palpitaciones nuevas, focalidad neurológica o comienzo atípico no deben atribuirse automáticamente a ansiedad. Según la presentación se consideran arritmias, cardiopatía, hipertiroidismo, hipoglicemia, asma, epilepsia, sustancias, abstinencia y medicamentos. La coexistencia de ansiedad no excluye una enfermedad médica.
La observación puede mostrar tensión, sobresalto, inquietud, respiración rápida o evitación del contacto, pero “se ve ansioso” no reemplaza la exploración de la experiencia. También importa lo que la persona hace para controlar el temor, porque las conductas de seguridad y evitación pueden mantener el problema.
Placer, motivación, energía y velocidad
Anhedonia es la disminución del interés o del placer. Puede afectar la anticipación de una actividad, la experiencia durante ella o ambas. Se pregunta por conductas concretas y no sólo “¿disfruta las cosas?”. Algunas personas continúan actividades por deber sin obtener placer; otras conservan placer cuando logran iniciarlas.
Apatía es una reducción de motivación y conducta dirigida a metas, con componentes cognitivos, emocionales y conductuales. Puede aparecer en trastornos neurocognitivos, neurológicos, depresión, psicosis y por fármacos. Abulia describe una disminución más intensa de iniciativa y voluntad. Avolición, usada con frecuencia en el contexto de síntomas negativos, alude a menor inicio y persistencia de actividades con propósito.
Fatiga es la vivencia de falta de energía o agotamiento. Enlentecimiento psicomotor es una reducción observable de velocidad de movimiento, habla o respuesta. Una persona puede sentirse exhausta y, sin embargo, moverse con velocidad normal; otra puede mostrar marcada bradicinesia sin describir cansancio. La sedación farmacológica, enfermedad médica, privación de sueño y parkinsonismo deben considerarse.
La conducta de Carolina aporta matices: le cuesta iniciar actividades y ha perdido placer, pero conserva capacidad de movilizarse por sus hijos. Esto no niega gravedad; muestra motivación modulada por contexto y un recurso protector. Describirlo es más útil que afirmar simplemente “abulia”.
Impulsos, impulsividad y control conductual
La impulsividad es una tendencia a actuar con poca deliberación ante estímulos internos o externos, pese a consecuencias posibles. Es dimensional y transdiagnóstica; puede intensificarse en manía, intoxicación, abstinencia, TDAH, trastornos de personalidad, lesión cerebral o crisis emocionales. No constituye por sí sola un diagnóstico ni un defecto moral.
Se exploran conductas específicas: gastos, sexo, apuestas, alimentación, conducción, agresión, consumo, autolesión y decisiones laborales. Para cada una se precisan antecedente, urgencia interna, grado de planificación, posibilidad de detenerse, función buscada, consecuencias y arrepentimiento. Una conducta rápida puede ser impulsiva, pero también compulsiva, maníaca, intoxicada o instrumental. La autolesión, en particular, puede ser planificada o impulsiva y cumplir funciones distintas; su velocidad o superficialidad no permite deducir intención suicida.
Una compulsión es una conducta o acto mental repetitivo realizado para disminuir ansiedad o prevenir un resultado temido, habitualmente según reglas rígidas. Un impulso puede sentirse como urgencia hacia una acción; su presencia no indica que la persona desee ejecutarla. Las ideas intrusivas egodistónicas de daño deben diferenciarse de intención, aunque siempre se caracterizan clínicamente.
Cuando hay posibilidad de daño se pregunta por intención, planificación, acceso a medios, intoxicación, episodios previos, capacidad de inhibición y apoyos. El examen no predice el futuro con certeza, pero identifica variables modificables y decisiones inmediatas. Las etiquetas “impulsivo” o “mal control de impulsos” sin ejemplos son insuficientes.
Sueño, apetito y sexualidad
El sueño se explora por horario, latencia, despertares, despertar precoz, duración, calidad, siestas y somnolencia diurna. Dormir poco con cansancio es distinto de una menor necesidad de sueño sin fatiga, hallazgo de alto rendimiento para manía o hipomanía. Turnos, apnea, piernas inquietas, sustancias y fármacos pueden explicar o agravar el problema.
Apetito, ingesta y peso no son equivalentes. Se pregunta por cambios objetivos, restricción, atracones, purgas y otras conductas compensatorias cuando corresponda. En sexualidad se exploran deseo, excitación, orgasmo, dolor, satisfacción, conductas de riesgo y posibles efectos farmacológicos, con lenguaje inclusivo y sólo en la profundidad pertinente.
Errores frecuentes
- Inferir ánimo deprimido únicamente porque la persona llora.
- Llamar lábil a cualquier afecto intenso o variable.
- Considerar patológica una sonrisa sin explorar ansiedad, vergüenza, cultura o contexto.
- Equiparar crisis de pánico con trastorno de pánico y omitir causas médicas.
- Usar anhedonia, apatía, abulia, fatiga y enlentecimiento como sinónimos.
- Confundir insomnio con menor necesidad de dormir.
- Registrar “mal control de impulsos” sin conductas, temporalidad ni consecuencias.
Para recordar
1. El ánimo se investiga en el relato; el afecto se describe desde la observación.
2. Reactividad, rango y congruencia aportan más que la oposición “triste/no triste”.
3. La ansiedad es primero un fenómeno transdiagnóstico y requiere considerar causas médicas.
4. Placer, motivación, energía, velocidad e inhibición son dominios distintos.
5. Toda variación adquiere sentido al compararla con el basal, el contexto y la conducta.
Bibliografía esencial
- Oyebode F. Sims’ Symptoms in the Mind: Textbook of Descriptive Psychopathology. 7th ed. Elsevier; 2022.
- Casey P, Kelly B. Fish’s Clinical Psychopathology: Signs and Symptoms in Psychiatry. 4th ed. Cambridge University Press; 2019.
- Trzepacz PT, Baker RW. The Psychiatric Mental Status Examination. Oxford University Press; 1993.
- American Psychiatric Association. Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders: DSM-5-TR. American Psychiatric Association Publishing; 2022.
- World Health Organization. Clinical Descriptions and Diagnostic Requirements for ICD-11 Mental, Behavioural and Neurodevelopmental Disorders. World Health Organization; 2024. Publicación oficial.