Objetivos de aprendizaje
Esta clase desarrolla las unidades con que se construye una descripción psiquiátrica. El residente aprenderá a identificar la fuente de un hallazgo, diferenciar organización sindrómica de atribución etiológica, examinar la relación entre estados y rasgos y registrar necesidades asistenciales que no constituyen por sí mismas un trastorno. La finalidad es redactar conclusiones proporcionadas a la evidencia y evitar errores que condicionan el diagnóstico diferencial.
Presentación clínica y niveles de afirmación
Una mujer de cuarenta años refiere fatiga, dificultad para dormir, pérdida de interés y pensamientos de culpa. Durante la entrevista se observan latencias prolongadas de respuesta y menor actividad motora. Ha dejado algunas tareas, pero se desconoce cuánto tiempo lleva así, si hubo episodios anteriores y qué medicamentos utiliza. Este caso docente hipotético contiene experiencias referidas, observaciones del examinador y cambios funcionales. Todavía requiere una historia que permita organizar e interpretar esos datos.
Escribir «depresión» puede designar un ánimo, un conjunto de síntomas, un episodio o un trastorno, según el uso. Esa ambigüedad dificulta la comunicación. Si un profesional interpreta la palabra como descripción y otro como diagnóstico establecido, pueden adoptar decisiones sobre supuestos diferentes. El registro debe indicar el nivel de afirmación: síntoma identificado, síndrome probable, diagnóstico en evaluación o categoría suficientemente fundamentada.
El vocabulario psicopatológico es un sistema de conceptos y reglas de aplicación, desarrollado históricamente. Sus términos no funcionan como etiquetas transparentes que se adhieren a experiencias sin interpretación. Berrios mostró la relevancia de examinar esa construcción conceptual para comprender el uso de los síntomas en clínica (Berrios, 1984). Esto exige definiciones operativas compartidas y descripciones suficientemente concretas para que otro examinador pueda valorar la inferencia.
Síntoma y experiencia referida
Un síntoma es una experiencia o cambio que la persona comunica y que puede tener relevancia clínica. Incluye fenómenos afectivos, perceptivos, cognitivos, corporales y conductuales experimentados subjetivamente. El relato constituye evidencia clínica, aunque su interpretación requiera aclaraciones. La subjetividad del acceso no equivale a falta de realidad ni a ausencia de valor: dolor, angustia o experiencias perceptivas pueden ser inaccesibles a la observación directa y, aun así, estar bien caracterizados.
La exploración debe precisar forma, contenido, inicio, frecuencia, duración, intensidad, contexto y consecuencias. Ante «escucho voces», corresponde aclarar qué se percibe, en qué circunstancias, con qué cualidad sensorial y qué relación tiene con sueño, recuerdos, pensamientos y estímulos externos. La expresión inicial identifica un campo de investigación; no resuelve por sí sola la clasificación fenomenológica ni su causa.
También importa el lenguaje utilizado. «Me falta energía» puede referirse a cansancio físico, somnolencia, pérdida de iniciativa o dificultad para sostener atención. Las preguntas deben permitir ejemplos concretos sin imponer una respuesta. Una exploración que ofrece solamente términos técnicos puede obtener asentimientos que parecen confirmación, pero reflejan adaptación al vocabulario del entrevistador. La descripción final debe conservar el significado que se logró establecer.
El clínico distingue el contenido del relato de su interpretación. «Refiere que sus vecinos hablan de ella» describe una afirmación, pero no establece automáticamente una idea delirante. Se necesita examinar fundamento, convicción, posibilidad de revisión, contexto cultural, circunstancias reales y relación con otros fenómenos. La discrepancia entre paciente y examinador tampoco basta para clasificar una creencia como patológica.
Signo y observación clínica
Un signo es un hallazgo observado o provocado mediante un procedimiento de exploración. En psiquiatría incluye aspectos de conducta, expresión, lenguaje, actividad motora, atención y desempeño cognitivo. La observación debe especificar condiciones: no es equivalente registrar una conducta espontánea a describir una respuesta obtenida mediante una tarea. La posibilidad de observación tampoco elimina la necesidad de interpretación.
Por ejemplo, una respuesta lenta puede relacionarse con enlentecimiento psicomotor, preocupación, sedación, dificultades de comprensión o una barrera lingüística. El signo observado es la latencia; su explicación requiere otros datos. Del mismo modo, movimientos de escucha aparente no permiten conocer directamente si existe una alucinación. Constituyen una conducta cuya relación con experiencias internas debe investigarse.
La objetividad clínica mejora cuando se explicitan el procedimiento y el resultado. «Orientación alterada» informa menos que describir qué componentes se exploraron y cuáles fueron las respuestas. Una tarea de atención debe interpretarse considerando audición, idioma, escolaridad, comprensión y estado de alerta. Si esas condiciones impiden evaluar, corresponde registrarlo como limitación, sin convertir el fracaso de la tarea en demostración automática de una alteración específica.
La distinción entre signo y síntoma es útil, pero no absoluta. Un relato tiene contenido subjetivo y propiedades observables, como fluidez, organización y latencia. El paciente puede describir un cambio motor que no aparece durante la consulta. La pregunta clínica relevante es cómo se obtuvo cada dato, qué permite afirmar y qué elementos faltan para interpretarlo.
Figura 1. Fuentes de un hallazgo clínico. Elaboración docente original. La convergencia aumenta la información disponible; las discrepancias deben investigarse y no resolverse mediante una jerarquía automática.
Del hallazgo al síndrome
Un síndrome es una configuración reconocible de signos y síntomas relacionados. Su identificación organiza la evaluación y reduce el número de hipótesis que requieren atención inicial. No equivale necesariamente a una etiología única. La configuración, su curso y el contexto contribuyen a reconocerlo; una enumeración de síntomas inconexos puede ser insuficiente aunque utilice términos correctos.
Un síndrome depresivo integra fenómenos afectivos, cognitivos, psicomotores y somáticos con una organización temporal. Su reconocimiento orienta preguntas sobre antecedentes afectivos, sustancias, condiciones médicas y funcionamiento. El trastorno específico depende de información adicional. NICE recomienda que la evaluación de una posible depresión considere gravedad, historia, duración, curso y repercusión, en lugar de depender solamente del recuento de síntomas (NICE, 2022, NG222, §1.2.6).
La catatonía ilustra la importancia de separar síndrome y causa. Puede aparecer asociada a diferentes condiciones psiquiátricas y médicas; reconocer sus signos no permite atribuirla de inmediato a esquizofrenia. La guía de la British Association for Psychopharmacology organiza la evaluación de causas, diagnósticos alternativos y complicaciones junto con el manejo del síndrome (Rogers et al., 2023). Este ejemplo no sustituye una clase específica de catatonía: muestra cómo el nivel sindrómico dirige la investigación.
El delirium ofrece otra relación entre identificación sindrómica y evaluación causal. La observación de cambios recientes o fluctuantes orienta una evaluación específica; NICE recomienda instrumentos según el entorno clínico y confirmación por profesionales con competencia diagnóstica (NICE, 2023, CG103, §§1.3–1.6). Reconocer el síndrome obliga a investigar factores precipitantes y condiciones concurrentes, sin suponer que una única causa explica todos los casos.
Síndrome, episodio y curso
Un episodio es una configuración clínicamente delimitada en el tiempo. Para describirlo deben establecerse comienzo, duración, evolución y relación con el funcionamiento previo. El término no garantiza que exista recuperación completa entre episodios ni que se haya demostrado una etiología. Su uso requiere explicar qué cambio permite diferenciar ese período de otros.
La distinción entre síndrome y episodio impide convertir un hallazgo transversal en historia longitudinal. Una persona puede presentar actualmente síntomas depresivos y haber tenido episodios de activación en otro momento. Otra puede mostrar síntomas persistentes con fluctuaciones sin períodos claramente delimitados. Aunque ambas presentaciones compartan signos actuales, la organización temporal puede modificar el diagnóstico y el plan de seguimiento.
La reconstrucción retrospectiva necesita anclajes. Cambios laborales, hospitalizaciones, tratamientos, períodos de convivencia o acontecimientos documentados pueden ayudar a ubicar síntomas. Los anclajes no reemplazan la caracterización clínica, pero reducen la imprecisión. Cuando no se conoce la duración, conviene mantenerla como dato pendiente y explicar por qué importa, en lugar de completar el requisito a partir de una impresión general.
También debe evitarse definir el episodio exclusivamente por el tratamiento recibido. Haber utilizado un antidepresivo no demuestra un episodio depresivo; haber recibido un antipsicótico no demuestra una psicosis. La medicación aporta antecedentes acerca de intervenciones y posibles efectos, pero la indicación original puede haber sido sintomática, provisional o diferente de la que se presume al revisar la ficha.
| Nivel | Información que organiza | Ejemplo de formulación | Comprobación todavía necesaria |
|---|---|---|---|
| Síntoma | Experiencia referida | Pérdida de interés en actividades antes gratificantes | Alcance, persistencia, contexto y cambio basal |
| Signo | Observación clínica | Latencias de respuesta prolongadas | Condiciones de entrevista y explicaciones alternativas |
| Síndrome | Configuración de fenómenos | Síndrome depresivo en evaluación | Integración temporal y diagnóstico diferencial |
| Episodio | Período delimitado | Cambio afectivo sostenido respecto de la línea basal | Inicio, duración y evolución |
| Trastorno | Patrón que satisface requisitos diagnósticos | Categoría y calificadores fundamentados | Revisión longitudinal cuando corresponda |
Trastorno y requisitos diagnósticos
Un trastorno es una categoría clínica cuya aplicación depende de un patrón de alteración y de requisitos definidos. Esos requisitos pueden incluir características centrales, duración, repercusión, exclusiones y curso. La palabra no significa simplemente «síntomas intensos», ni todos los trastornos se definen mediante la misma combinación de elementos. Debe consultarse la categoría pertinente y el sistema utilizado.
Los manuales distinguen configuraciones clínicas y ofrecen orientaciones para sus fronteras. Las CDDR de la CIE-11 constituyen una referencia clínica oficial para la identificación diagnóstica (OMS, 2024). Aplicar un diagnóstico exige relacionar sus requisitos con hechos del caso. La expresión «cumple criterios» resulta poco informativa si no se puede reconstruir qué información permitió establecerlos.
La significación clínica tampoco debe suponerse a partir del nombre. Conviene describir qué sufrimiento, limitación o cambio se ha observado y cómo se relaciona con la presentación. Un desempeño aparentemente conservado puede depender de apoyos intensos; una dificultad importante puede obedecer en parte a barreras externas. El diagnóstico requiere integrar esa información sin atribuir todos los problemas a un proceso individual.
La presencia de un trastorno no transforma automáticamente cada experiencia posterior en síntoma de ese trastorno. Una persona con un diagnóstico establecido puede presentar un problema médico nuevo, una reacción comprensible a circunstancias adversas o efectos del tratamiento. La evaluación de cada cambio debe mantener abierto el diferencial pertinente y evitar que la etiqueta previa sustituya la exploración actual.
Enfermedad y compromiso explicativo
El concepto de enfermedad tiene usos diversos. En algunos contextos designa una alteración patológica reconocida en medicina; en otros implica una unidad causal o fisiopatológica más delimitada. Por ello, no conviene construir una jerarquía rígida en la que «enfermedad» signifique siempre mecanismo demostrado y «trastorno» ausencia de base biológica. El alcance depende del uso y de la evidencia de cada entidad.
Una condición puede describirse clínicamente antes de conocerse su mecanismo. También puede conocerse un mecanismo relevante sin que explique todas las manifestaciones o determine por completo el curso. La pregunta rigurosa es qué se ha establecido: asociación, mecanismo plausible, causalidad demostrada en cierto contexto o prueba útil para individuos. Estas afirmaciones no son equivalentes y deben expresarse separadamente.
El debate filosófico sobre los trastornos examina cuánto peso corresponde a mecanismos, regularidades clínicas, valores y prácticas de clasificación. Kendler analiza alternativas que evitan exigir una única esencia causal para todas las categorías psiquiátricas (Kendler, 2016). La discusión no autoriza a presentar cualquier agrupación como válida; obliga a precisar qué evidencia respalda su delimitación y qué incertidumbre permanece.
En la práctica, la diferencia decisiva aparece cuando se pasa de nombrar a explicar. «Tiene fatiga porque está deprimida» puede resumir una hipótesis razonable, pero también puede ocultar circularidad si la única evidencia de depresión es la fatiga. La explicación debe considerar el patrón completo, el curso, medicamentos y condiciones concurrentes. Una clasificación correcta no elimina la necesidad de investigar fenómenos que no encajan o cambian inesperadamente.
Figura 2. El reconocimiento de un síndrome orienta la evaluación etiológica. El esquema separa identificación clínica y atribución causal, sin proponer una causa única ni una lista exhaustiva.
Estado, rasgo y contexto
Un estado es una configuración que varía a lo largo del tiempo y se describe dentro de un período. Un rasgo es una disposición relativamente persistente a experimentar o actuar de determinada manera. «Relativamente» es esencial: los rasgos pueden cambiar y expresarse de forma distinta según contexto, aprendizaje y condiciones de salud. Persistencia no significa invariabilidad ni independencia del ambiente.
La evaluación de rasgos requiere información longitudinal y transversal a situaciones. Una conducta observada durante una hospitalización informa sobre ese contexto, pero no basta para establecer un patrón general. La dependencia de ayuda durante un episodio grave no demuestra por sí sola una disposición estable a depender de otros. La irritabilidad durante abstinencia o dolor tampoco permite inferir automáticamente un rasgo de personalidad.
La contaminación por el estado ocurre cuando la situación actual modifica el modo de describir el funcionamiento habitual. El paciente puede interpretar retrospectivamente su historia desde el ánimo presente; los informantes pueden generalizar a partir de una crisis reciente. Comparar períodos, preguntar por ejemplos previos y revisar registros ayuda a distinguir persistencia de cambio. Las discrepancias deben conservarse cuando no pueden resolverse todavía.
No todo rasgo constituye un trastorno. Una disposición puede ser marcada y compatible con un funcionamiento satisfactorio, o resultar problemática solamente en determinadas condiciones. Para atribuir patología se requieren los requisitos correspondientes, incluidos sus efectos y contexto. El hecho de que un rasgo sea frecuente en una categoría tampoco permite diagnosticarla a partir de ese rasgo aislado.
Problema clínico y necesidad de atención
Un problema clínico es una situación relevante para la evaluación o el cuidado, aunque no constituya una categoría de trastorno mental. Puede incluir dificultades relacionales, exposición a violencia, problemas habitacionales, efectos adversos, dudas sobre adherencia, malestar tras una pérdida o limitaciones funcionales. Su legitimidad asistencial no depende de que se transforme en una enfermedad.
La distinción permite formular planes más precisos. Si una persona solicita ayuda por conflicto familiar, corresponde evaluar su seguridad, sufrimiento y funcionamiento, además de explorar posibles trastornos cuando existan indicios. No se debe inferir patología únicamente porque acuda a consulta. Tampoco debe negarse atención a un problema importante por no satisfacer una categoría diagnóstica específica.
Funcionamiento y discapacidad requieren descripción propia. La clasificación internacional correspondiente considera dominios de salud y factores ambientales, lo que permite examinar cómo el contexto facilita o limita actividades y participación (OMS, 2001). En la práctica, la misma dificultad puede tener consecuencias diferentes según apoyos, exigencias y accesibilidad. La categoría diagnóstica por sí sola no informa todo ese perfil.
Un listado de problemas puede coexistir con el diagnóstico principal sin competir con él. Por ejemplo, una formulación puede incluir síndrome afectivo en evaluación, privación de sueño, exposición a un medicamento, dificultad para cuidar a un familiar y necesidad de apoyo laboral. Cada elemento debe relacionarse con una pregunta o una intervención. Acumular problemas sin priorizarlos reduce la utilidad del registro.
Calidad de la observación y del lenguaje
La precisión depende de distinguir observación, relato e inferencia. Expresiones como «manipuladora», «difícil» o «poco colaboradora» suelen condensar evaluaciones del vínculo sin describir conductas. Pueden reemplazarse por información verificable: qué solicitud rechazó la persona, qué motivo expresó, qué ocurrió durante la entrevista y qué limitó la evaluación. La descripción conductual permite formular hipótesis sin convertir una valoración interpersonal en rasgo.
Esto no elimina la interpretación clínica. Permite examinarla. Si se considera que la falta de respuesta se relaciona con alteración cognitiva, ansiedad o desconfianza, deben indicarse los datos que apoyan cada posibilidad. El contexto institucional también puede afectar la conducta: una entrevista interrumpida, falta de privacidad o comunicación poco clara pueden modificar lo que se observa.
La graduación de certeza debe utilizarse de forma consistente. «Refiere», «se observa», «compatible con» y «se establece» expresan relaciones distintas con la evidencia. Usar esos términos indiscriminadamente produce falsa precisión. Cuando una experiencia está suficientemente caracterizada, puede nombrarse con el término psicopatológico correspondiente; conservar siempre una formulación vaga tampoco mejora el rigor.
| Redacción insuficiente | Redacción más informativa | Motivo de la mejora |
|---|---|---|
| Tiene alucinaciones porque mira al vacío | Se observa mirada fija; la experiencia perceptiva no se ha aclarado | Separa conducta e inferencia |
| Es dependiente | Solicita ayuda para tareas que realizaba antes del episodio | Describe cambio y requiere evaluación longitudinal |
| Está deprimida porque no trabaja | Refiere pérdida de interés; interrupción laboral pendiente de contextualizar | Evita equiparar desempleo y síndrome |
| No tiene síntomas | No refiere los síntomas explorados; otras áreas no evaluadas | Delimita el alcance de la ausencia |
Instrumentos y cambio de nivel diagnóstico
Una escala organiza observaciones o respuestas mediante reglas de puntuación. Puede servir para detectar posibles casos, medir gravedad o seguir cambios. Su resultado debe interpretarse según el propósito para el que fue validada. Una puntuación elevada en un instrumento de tamizaje indica necesidad de evaluación; no transforma por sí misma una experiencia en diagnóstico.
La validez de una interpretación depende además de población, idioma y condiciones de administración. Un instrumento aplicado fuera de su contexto puede aportar información parcial, pero el clínico debe reconocer esa limitación. La puntuación total puede ocultar perfiles distintos: dos personas con el mismo valor pueden presentar combinaciones diferentes de síntomas y necesidades. Por ello, es útil revisar los ítems y relacionarlos con la entrevista.
En seguimiento, el cambio de puntuación tampoco identifica automáticamente su causa. Puede reflejar mejoría clínica, variación del contexto, familiaridad con preguntas o diferencias en cómo se administró la medida. Registrar condiciones comparables y combinar la escala con información funcional mejora la interpretación. El instrumento complementa el razonamiento y permite hacerlo más explícito, siempre que no se le atribuya una función que no tiene.
Figura 3. Comparación temporal para diferenciar estado y rasgo. La persistencia se investiga en varios períodos y situaciones; una observación durante la crisis no basta para establecer un patrón estable.
Comparación de descripciones en distintos contextos
En urgencias, una persona puede permanecer en silencio durante varios minutos. El dato observado es la ausencia de respuesta verbal en determinadas condiciones. Antes de denominarlo mutismo deben examinarse comprensión, audición, idioma, nivel de conciencia y conducta no verbal. Si el fenómeno se caracteriza como mutismo, todavía corresponde investigar su relación con otros signos y sus posibles causas. Cada paso agrega una afirmación que necesita respaldo adicional.
En consulta ambulatoria, otra persona informa que ha perdido memoria. La queja es un síntoma relevante, aunque una tarea breve resulte normal. El resultado de la tarea informa sobre el desempeño en esas condiciones; no invalida automáticamente dificultades en actividades más complejas. A su vez, la queja no demuestra un trastorno neurocognitivo. Deben investigarse ejemplos, evolución, repercusión, estado afectivo y fuentes complementarias pertinentes.
Un tercer paciente describe ansiedad antes de una exposición laboral. La experiencia puede ser intensa y requerir estrategias de ayuda, sin que la intensidad aislada establezca un trastorno. Se exploran persistencia, generalización, evitación, repercusión y relación con amenazas reales. Si el miedo aparece solamente ante un contexto específico, la evaluación debe explicar por qué esa situación es relevante y qué consecuencias produce, antes de generalizar a una disposición estable.
Estos ejemplos muestran que la misma secuencia de trabajo puede aplicarse a dominios distintos: caracterizar el dato, identificar sus condiciones de obtención, organizarlo con otros hallazgos y examinar qué nivel diagnóstico se sostiene. La secuencia no tiene que ser rígida; una observación nueva puede obligar a revisar la descripción inicial. Lo que debe conservarse es la diferencia entre información e interpretación.
Para supervisar una entrevista, resulta útil pedir al residente que reescriba una conclusión utilizando únicamente hallazgos y fuentes, y luego agregue por separado la hipótesis. Si no puede realizar esa separación, puede haber utilizado una etiqueta como sustituto de la observación. Si puede hacerla, el supervisor dispone de elementos para discutir si la inferencia es adecuada, qué alternativas faltan y qué información tendría mayor valor.
Resolución del caso docente
En la paciente inicial, la primera tarea es precisar las experiencias referidas y las condiciones de los signos observados. Se exploran duración, variación diaria, sueño, apetito, interés, cogniciones, seguridad y funcionamiento previo. Se revisan medicamentos, condiciones médicas y antecedentes afectivos. La integración puede sostener una hipótesis sindrómica, cuya clasificación específica dependerá del curso y de las explicaciones alternativas pertinentes.
El enlentecimiento no debe atribuirse automáticamente al mismo proceso que la culpa. Puede concordar con el síndrome, pero también requiere revisar sedación u otras condiciones. La interrupción de tareas exige establecer qué cambió, qué limitación experimenta la paciente y qué exigencias enfrenta. Si existían dificultades antes del cuadro actual, se documentan sin considerarlas necesariamente rasgos patológicos.
Una formulación inicial útil podría describir «síntomas afectivos y cognitivos con enlentecimiento observado y deterioro reciente, compatibles con un síndrome depresivo; clasificación y factores relacionados en evaluación». Debe acompañarse de hallazgos concretos y un plan. La redacción es un ejemplo docente, no una fórmula que sustituya los requisitos diagnósticos o las decisiones de un caso real.
Autoevaluación razonada
1. ¿Una conducta de escucha demuestra una alucinación? No. Es un signo conductual que orienta la exploración, pero admite explicaciones diferentes. La experiencia perceptiva debe caracterizarse y relacionarse con el contexto antes de asignar el término correspondiente.
2. ¿Reconocer un síndrome depresivo identifica el trastorno específico? No necesariamente. Se necesita integrar historia longitudinal, duración, antecedentes de activación, sustancias, condiciones médicas y otros elementos relevantes. El síndrome organiza el diferencial y permite continuar la evaluación con preguntas dirigidas.
3. ¿Una conducta repetida durante una hospitalización establece un rasgo? La repetición dentro de un mismo contexto puede reflejar persistencia del estado o de sus circunstancias. La inferencia de rasgo requiere información de otros períodos y situaciones, además de valorar qué significa la conducta para la persona.
4. ¿Puede existir una indicación de atención sin trastorno mental? Sí. Un problema clínico puede requerir evaluación, apoyo o intervención específica sin satisfacer una categoría. Reconocerlo evita tanto atribuir patología sin fundamento como desatender necesidades relevantes.
Referencias seleccionadas
- Berrios GE. Descriptive psychopathology: conceptual and historical aspects. Psychol Med. 1984;14:303–313. doi:10.1017/S0033291700003573.
2. National Institute for Health and Care Excellence. Depression in adults: treatment and management. NG222. 2022. §1.2, Recognition and assessment. Recomendaciones.
3. Rogers JP, Oldham MA, Fricchione G, et al. Evidence-based consensus guidelines for the management of catatonia: recommendations from the British Association for Psychopharmacology. J Psychopharmacol. 2023;37:327–369. doi:10.1177/02698811231158232.
4. National Institute for Health and Care Excellence. Delirium: prevention, diagnosis and management in hospital and long-term care. CG103. 2010; actualización diagnóstica de 2023. Recomendaciones.
5. World Health Organization. Clinical descriptions and diagnostic requirements for ICD-11 mental, behavioural and neurodevelopmental disorders. Geneva: WHO; 2024. Publicación oficial.
6. Kendler KS. The nature of psychiatric disorders. World Psychiatry. 2016;15:5–12. doi:10.1002/wps.20292.
7. World Health Organization. International Classification of Functioning, Disability and Health. Geneva: WHO; 2001. Descripción oficial del marco.
Jonathan Alarcón C., ed. Signo, síntoma, síndrome, trastorno, enfermedad, rasgo y problema clínico. Docencia en Psiquiatría. Revisión 23.09.2026. https://portal-docencia-psiquiatria-uc-hlf.pages.dev/becados/nosologia-juicio-clinico/signo-sintoma-sindrome-trastorno-enfermedad-rasgo-y-problema-clinico/