Objetivos de aprendizaje
Esta clase permite caracterizar diferencias dentro de una categoría, analizar explicaciones alternativas de la coexistencia diagnóstica y formular relaciones causales con grados explícitos de respaldo. El residente distinguirá factores de riesgo, precipitantes y procesos de mantenimiento; reconocerá equifinalidad y multifinalidad; y organizará prioridades clínicas sin asignar automáticamente una intervención a cada etiqueta.
Una categoría y varios problemas clínicos
Tres personas reciben un diagnóstico depresivo tras una evaluación completa. Una presenta episodios recurrentes con recuperación intermedia; otra mantiene síntomas prolongados en un contexto de dolor y alteración del sueño; la tercera presenta además consumo problemático de alcohol y antecedentes traumáticos. Son casos docentes hipotéticos. La categoría aporta información común, pero no resume todas las diferencias que pueden modificar atención y seguimiento.
La heterogeneidad describe variación entre personas que comparten una categoría. La comorbilidad describe coexistencia de condiciones en una persona. Ambas pueden relacionarse: parte de la variación interna puede depender de problemas concurrentes. Sin embargo, son conceptos distintos y requieren datos diferentes. No se demuestra una causa compartida simplemente por encontrar varios diagnósticos juntos.
La complejidad causal exige examinar cómo contribuyen factores y procesos, en qué secuencia y bajo qué condiciones. Enumerar elementos biológicos, psicológicos y sociales no establece esas relaciones. La formulación debe identificar qué está observado, qué es una asociación conocida y qué constituye una hipótesis individual todavía pendiente de contraste.
Formas de heterogeneidad
La heterogeneidad fenotípica se refiere a diferencias en manifestaciones. Dos pacientes pueden satisfacer una categoría mediante combinaciones distintas, con predominio diferente de síntomas y gravedad. También puede variar la forma concreta de un dominio, como alteraciones del sueño de dirección opuesta. El análisis debe especificar si compara criterios, manifestaciones, intensidad o perfiles completos.
La heterogeneidad temporal incluye inicio, duración, recurrencia y persistencia. Una presentación episódica y otra crónica pueden compartir síntomas actuales sin compartir trayectoria. La heterogeneidad funcional describe diferencias en actividades, participación y necesidad de apoyos. La heterogeneidad contextual considera condiciones de vida y significados que modifican la expresión y consecuencias del cuadro.
La heterogeneidad etiológica supone distintas causas o combinaciones causales; la mecanística, distintos procesos que producen o mantienen manifestaciones. Estas no se deducen automáticamente de la diversidad clínica. Un mismo mecanismo puede expresarse de varias formas, y perfiles similares pueden surgir por vías diferentes. Las inferencias etiológicas requieren investigación adicional.
La heterogeneidad pronóstica incluye resultados diferentes a lo largo del tiempo. Puede relacionarse con gravedad, comorbilidad, intervención y ambiente, entre otros factores. Su presencia limita las predicciones individuales basadas solo en la categoría. El diagnóstico puede seguir siendo útil, pero el pronóstico debe incorporar información más específica y comunicar incertidumbre.
Qué demuestra la variación de perfiles
Fried y Nesse investigaron combinaciones sintomáticas en STAR*D y documentaron una marcada diversidad dentro de una muestra de pacientes diagnosticados con depresión. El trabajo cuestiona tratar todos los perfiles como equivalentes y destaca límites de resumirlos mediante puntuaciones totales (Fried y Nesse, 2015). El hallazgo corresponde a una muestra y una forma de medición determinadas.
La diversidad observada no demuestra por sí sola cuántas enfermedades distintas existen dentro de la categoría. Tampoco permite concluir que toda puntuación total sea inútil. Una medida global puede servir para ciertos objetivos y perder información para otros. La interpretación debe examinar qué decisión se pretende orientar y qué diferencias se ocultan al resumir.
En clínica, registrar componentes principales ayuda a comparar evolución. Dos pacientes pueden disminuir la misma cantidad en una escala y mejorar en dominios diferentes. Uno recupera sueño pero mantiene ideación de culpa; otro recupera interés y continúa con fatiga. Si esos componentes tienen consecuencias distintas, el total no basta para evaluar el resultado.
La elección de subgrupos necesita validación. Dividir una muestra hasta obtener grupos aparentemente homogéneos puede producir soluciones inestables o difíciles de replicar. Una propuesta de subtipos debe demostrar que las diferencias se sostienen y aportan información relevante, en vez de representar únicamente particularidades del conjunto de datos utilizado para construirla.
Definir comorbilidad con precisión
La comorbilidad concurrente describe condiciones presentes durante un período compartido. La secuencial describe diagnósticos en distintos momentos de la vida. Ambas aportan información, pero no son intercambiables. Un listado acumulado en una ficha puede mezclar trastornos activos, remisiones, hipótesis abandonadas y antecedentes que nunca fueron corroborados.
Antes de interpretar coexistencia, debe verificarse cada diagnóstico y su temporalidad. La presencia de un código anterior no demuestra actividad actual. También es necesario identificar el sistema y las reglas utilizadas, porque algunas categorías permiten coexistencia bajo condiciones específicas y otras requieren exclusiones. La comorbilidad no debe convertirse en una suma automática de todos los términos históricos.
La relación entre condiciones puede ser independiente, compartir causas o incluir influencia de una sobre otra. También puede originarse parcialmente en solapamiento de criterios, medición o selección de pacientes. Krueger y Markon desarrollaron modelos de vulnerabilidades compartidas para interpretar patrones de comorbilidad, mostrando que la coexistencia puede informar acerca de la organización de la psicopatología (Krueger y Markon, 2006).
En un paciente individual, el modelo poblacional no identifica automáticamente la relación causal. La formulación necesita historia, secuencia y observaciones pertinentes. Puede ser adecuado conservar dos diagnósticos y, al mismo tiempo, investigar procesos compartidos. La clasificación y la explicación responden a preguntas distintas y pueden desarrollarse con grados diferentes de certeza.
Solapamiento de síntomas y reglas de exclusión
Insomnio, fatiga, irritabilidad y dificultad de concentración aparecen en presentaciones diversas. Su presencia en varias listas no demuestra varios trastornos completos. Cada categoría requiere su configuración, duración y condiciones específicas. Debe evitarse contar el mismo hallazgo como si constituyera evidencia independiente de múltiples procesos sin revisar el conjunto.
Tampoco corresponde eliminar toda comorbilidad por compartir síntomas. Dos condiciones pueden coexistir y presentar elementos solapados. La pregunta es si cada diagnóstico se sostiene y aporta información que no queda adecuadamente explicada por el otro. La decisión exige conocer reglas oficiales y caracterizar los componentes que distinguen las presentaciones.
Las jerarquías diagnósticas intentan ordenar relaciones entre categorías, pero pueden tener costos: algunas reducen duplicaciones y otras pueden ocultar necesidades concurrentes. Su uso debe seguir el sistema pertinente, sin reconstruir reglas de memoria ni aplicar exclusiones generales inexistentes. Cuando el razonamiento clínico excede lo que el código expresa, se documenta la relación en la formulación.
Un ejemplo hipotético es una persona con insomnio y preocupación durante un episodio afectivo. No basta con esos síntomas para establecer un trastorno de ansiedad adicional. Debe explorarse si existe un patrón independiente, su duración y su presencia fuera del episodio. La respuesta puede confirmar coexistencia, mantener una hipótesis o describir síntomas asociados sin una nueva categoría.
Figura 1. Hipótesis alternativas para la coexistencia diagnóstica. Estas posibilidades deben contrastarse con datos del caso; la coexistencia no demuestra una relación causal específica.
Selección y frecuencia observada
Las muestras clínicas no representan automáticamente a la población general. La probabilidad de consultar, ser derivado o ingresar puede depender de gravedad y número de problemas. Si quienes presentan varias dificultades tienen mayor probabilidad de llegar a un servicio especializado, la coexistencia observada allí puede diferir de la comunitaria. La interpretación requiere conocer el proceso de selección.
También puede aparecer asociación al condicionar el análisis por una variable relacionada con ambas condiciones. Por ejemplo, seleccionar únicamente personas hospitalizadas puede cambiar relaciones observadas entre problemas que influyen en hospitalización. Este principio metodológico no permite descartar toda asociación clínica como sesgo; indica que deben compararse explicaciones y diseños.
La duración de seguimiento modifica lo que se detecta. Una evaluación breve puede identificar solo el problema predominante, mientras un seguimiento prolongado reconoce condiciones secuenciales. Comparar porcentajes sin igualar ventanas temporales puede producir conclusiones engañosas. Deben distinguirse prevalencia actual, durante un período y a lo largo de la vida.
En la práctica, el clínico no necesita calcular un modelo de selección para cada consulta, pero sí evitar generalizaciones desde su casuística. La frecuencia percibida en un servicio depende de derivaciones y acceso. Para estimar probabilidad previa se utilizan datos pertinentes al entorno y se actualizan con los hallazgos individuales.
Equifinalidad y multifinalidad
La equifinalidad describe que trayectorias diferentes pueden conducir a resultados semejantes. La multifinalidad describe que condiciones iniciales similares pueden asociarse con resultados distintos. Cicchetti y Rogosch desarrollaron la relevancia de estos principios para la psicopatología del desarrollo (Cicchetti y Rogosch, 1996). Son marcos para estudiar trayectorias, no demostraciones de una causa específica.
La equifinalidad invita a investigar historias diferentes detrás de un síndrome parecido. No obliga a suponer que cada caso constituye una enfermedad distinta ni que las intervenciones deban ser completamente diferentes. La clasificación puede conservar utilidad mientras la formulación identifica vías relevantes para prevención, tratamiento o seguimiento.
La multifinalidad impide tratar un antecedente de riesgo como destino. Una exposición puede aumentar probabilidades de varios desenlaces y ser compatible con ausencia de trastorno. Para explicar diferencias se estudian moderadores, secuencia de experiencias, recursos y otros factores. Ningún antecedente debe utilizarse como prueba retrospectiva de que un diagnóstico era inevitable.
En la entrevista, estos principios favorecen preguntas concretas: qué ocurrió después de la exposición, qué cambios se observaron, qué períodos de estabilidad existieron y qué condiciones acompañaron trayectorias distintas. La historia no se limita a acumular adversidades; busca relaciones temporales y variaciones que permitan evaluar hipótesis.
Factores de riesgo, mediadores y moderadores
Un factor de riesgo se asocia con mayor probabilidad de un desenlace. Puede ser causal o actuar como marcador de otras condiciones. Para atribuir causalidad se necesita evidencia que aborde temporalidad y explicaciones alternativas. La asociación estadística no basta, especialmente cuando exposición y resultado comparten determinantes no medidos.
Un mediador forma parte de una vía propuesta entre exposición y desenlace. Un moderador modifica la relación según sus valores o condiciones. Estas funciones no se establecen únicamente porque una variable aparezca entre dos acontecimientos en una narración. Requieren un modelo y un diseño que permitan examinar la relación, con supuestos explícitos.
En una formulación individual puede proponerse que la alteración del sueño conecta un cambio de turnos laborales con dificultades afectivas. La hipótesis debe contrastarse con cronología, variación y otras causas plausibles. También puede examinarse si el apoyo familiar modifica sus consecuencias. Esas son preguntas clínicas; no deben presentarse como mediación o moderación demostradas mediante una entrevista.
La distinción ayuda a elegir objetivos. Un factor asociado puede ser difícil de modificar, mientras un proceso de mantenimiento actual puede ser abordable. Sin embargo, posibilidad de intervención y causalidad no son equivalentes. Debe justificarse por qué modificar un componente podría mejorar el problema y cómo se evaluará la respuesta.
Causalidad en varios niveles
Kendler propuso un pluralismo apoyado en evidencia para estudiar factores relevantes desde genética hasta cultura, cuestionando divisiones rígidas entre causas orgánicas y funcionales (Kendler, 2012). Esta perspectiva admite contribuciones en distintos niveles sin atribuir a uno un monopolio explicativo. Su aplicación requiere especificar relaciones, no sumar vocabulario de varias disciplinas.
Dos explicaciones pueden ser complementarias si describen componentes diferentes del mismo proceso. También pueden competir si atribuyen el mismo cambio a causas incompatibles. O pueden operar a escalas distintas sin responder exactamente a la misma pregunta. La formulación debe identificar esa relación antes de afirmar que todas son simultáneamente correctas.
Un ejemplo hipotético conecta conflicto laboral, reducción de sueño, fatiga y abandono de actividades. El esquema debe examinar si el conflicto precedió al cambio, si el sueño varió con él y si existen condiciones médicas o tratamientos que contribuyen. Una secuencia plausible puede orientar evaluación, pero no prueba cada flecha. Las hipótesis se revisan con nueva información.
El nivel de intervención tampoco identifica necesariamente el nivel de la causa inicial. Una intervención psicológica puede modificar consecuencias de un proceso con componentes biológicos; un tratamiento farmacológico puede mejorar síntomas mantenidos también por condiciones sociales. La eficacia de una modalidad no demuestra una explicación exclusiva de la presentación.
Figura 2. Varias trayectorias hacia un resultado y varios resultados desde una condición inicial. Las rutas son ilustrativas; no indican probabilidades ni determinismo.
Vulnerabilidad compartida y genética
Los estudios genéticos pueden identificar relaciones entre categorías a escala poblacional. El análisis del Psychiatric Genomics Consortium sobre ocho trastornos encontró patrones de correlación genética y loci asociados con más de una condición (Cross-Disorder Group, 2019). Estos resultados apoyan investigar factores compartidos, pero no convierten diagnósticos diferentes en una única entidad ni permiten inferir el mecanismo individual desde una etiqueta.
La correlación genética resume relaciones estadísticas entre efectos estimados bajo un diseño. Su interpretación depende de muestras, ascendencia, medición y métodos. No significa que dos trastornos sean idénticos ni que toda persona con uno tenga predisposición equivalente al otro. Tampoco permite equiparar heredabilidad con inmutabilidad.
En clínica, un antecedente familiar puede modificar hipótesis, pero necesita precisión: qué condición se estableció, con qué evidencia y en qué familiares. La información inespecífica sobre «problemas nerviosos» puede orientar preguntas sin funcionar como confirmación. La historia familiar es una fuente dentro de la evaluación, no una prueba diagnóstica aislada.
El entusiasmo por factores compartidos debe acompañarse de atención a diferencias. Dos presentaciones pueden compartir parte de la vulnerabilidad y requerir evaluaciones o intervenciones distintas. La nosología necesita estudiar tanto relaciones como elementos discriminativos, evitando que una evidencia de solapamiento se interprete como desaparición de toda especificidad clínica.
Factor general de psicopatología
Caspi y colaboradores investigaron estructura longitudinal de psicopatología en la cohorte de Dunedin y propusieron un factor general, denominado p, junto con componentes más específicos (Caspi et al., 2014). El modelo organiza covariación y persistencia; su interpretación causal no queda resuelta por el ajuste estadístico. Los propios resultados deben situarse en el diseño y la población estudiados.
Un factor general puede reflejar varias fuentes de variación y no debe identificarse automáticamente con una enfermedad única. Para interpretarlo se examinan indicadores, estructura del modelo y asociaciones externas. Cambiar los dominios incluidos puede modificar lo que representa. La selección de un modelo estadístico requiere comparar alternativas y evaluar replicación.
La utilidad clínica potencial de dimensiones amplias debe distinguirse de su adopción como diagnóstico. Una puntuación general podría aportar información sobre carga o vulnerabilidad en ciertos contextos, pero no reemplaza caracterizar problemas específicos. La planificación necesita conocer qué síntomas, limitaciones y riesgos son relevantes para esa persona.
Este ejemplo retoma una regla metodológica central de la clase: una representación compacta puede ser informativa sin constituir explicación completa. La investigación puede avanzar estudiando dimensiones generales y particulares simultáneamente. El objetivo es aclarar qué nivel aporta información a cada pregunta, en lugar de escoger uno como respuesta universal.
Procesos transdiagnósticos
Un proceso transdiagnóstico aparece en varias categorías o contribuye a problemas diferentes. Puede tratarse de un patrón de evitación, de rumiación o de alteración del sueño, según cómo se defina y mida. Debe distinguirse un proceso funcional de un síntoma compartido y de una dimensión estadística. Utilizar el mismo término no demuestra que exista el mismo mecanismo en todos los casos.
La evaluación individual investiga qué función cumple el proceso. Una conducta de evitación puede reducir ansiedad inmediata y mantener limitaciones; en otro contexto puede responder a una amenaza real. Antes de convertirla en objetivo terapéutico se necesita comprender qué evita la persona, qué consecuencias tiene y qué alternativas son seguras y pertinentes.
Una intervención dirigida a un proceso compartido puede ser útil cuando existe evidencia apropiada para la presentación. Esa posibilidad no elimina indicaciones específicas ni evaluación de comorbilidad. La formulación integra ambas perspectivas y evita asumir que un protocolo transdiagnóstico es suficiente para cualquier combinación de problemas.
El seguimiento debe evaluar el proceso y los resultados que se espera modificar. Si disminuye una conducta sin mejorar funcionamiento o malestar, corresponde revisar la hipótesis y la intervención. La ausencia de respuesta puede deberse a varias razones y no refuta automáticamente todo el modelo, pero exige examinar la relación propuesta.
Priorización en presencia de varios diagnósticos
La prioridad asistencial depende de necesidades actuales, seguridad, impacto y posibilidades de intervención. No se establece contando categorías ni eligiendo siempre la considerada más grave en abstracto. Es útil distinguir problemas urgentes, factores que interfieren con atención y objetivos de mediano plazo, con responsabilidades y seguimiento explícitos.
En la tercera persona del caso inicial, se caracteriza el consumo de alcohol, su relación temporal con sueño y ánimo, y las necesidades de seguridad. Se examina la naturaleza de los fenómenos relacionados con trauma y si satisfacen requisitos diagnósticos. El dolor, tratamientos y contexto requieren evaluación propia. La suma de antecedentes no autoriza asignar automáticamente todas las categorías posibles.
El plan puede abordar problemas relacionados de forma coordinada. Cada intervención necesita indicación, objetivo y forma de evaluar beneficio y daño. Prescribir un fármaco por cada etiqueta puede duplicar tratamientos o aumentar efectos adversos sin mejorar comprensión. Del mismo modo, atribuir todo a una única causa puede dejar condiciones relevantes sin atender.
| Pregunta clínica | Información necesaria | Utilidad para el plan |
|---|---|---|
| ¿Qué condiciones están activas? | Requisitos y temporalidad de cada diagnóstico | Evita tratar etiquetas históricas como actuales |
| ¿Qué relaciones son plausibles? | Secuencia y variación conjunta | Orienta hipótesis y evaluación |
| ¿Qué necesita prioridad? | Seguridad, sufrimiento y funcionamiento | Ordena acciones inmediatas |
| ¿Qué puede modificarse? | Evidencia de intervención y preferencias | Define objetivos realistas |
| ¿Qué resultado se observará? | Síntomas, función y efectos adversos | Permite revisar el plan |
Formulación causal revisable
La formulación debe separar factores predisponentes, posibles precipitantes, condiciones de mantenimiento y recursos protectores, cuando esas funciones están apoyadas. No todos los casos requieren llenar cada apartado con certeza. Es preferible dejar una relación como hipótesis que asignar un papel causal a un antecedente por necesidad de completar una estructura.
Cada relación importante puede acompañarse de evidencia favorable, alternativas y datos pendientes. Por ejemplo, si se considera que el consumo mantiene insomnio, se revisan patrón y evolución, sin asumir que toda alteración del sueño se explica por ese consumo. Las intervenciones y el seguimiento aportarán información adicional, aunque cambios simultáneos pueden limitar la atribución.
La revisión debe estar prevista desde el comienzo. Si el curso contradice la hipótesis, se reconsideran medición, adherencia, factores concurrentes y diagnóstico. Una formulación útil ayuda a decidir qué observar y qué hacer; no es una narración cerrada que deba preservarse frente a cualquier dato nuevo.
Figura 3. Construcción de una formulación revisable. Las relaciones propuestas deben distinguirse de los datos y contrastarse con alternativas.
Ejercicio longitudinal de comparación de hipótesis
Una paciente describe ánimo bajo, insomnio y consumo de alcohol en aumento. La primera hipótesis propone que el consumo precede y contribuye al empeoramiento; la segunda considera que el consumo aumentó como respuesta al malestar; una tercera admite influencia recíproca o factores compartidos. Las tres pueden ser inicialmente plausibles, pero no deben tratarse como afirmaciones ya establecidas.
La reconstrucción busca fechas aproximadas, variaciones de cantidad, períodos sin consumo, cambios del sueño y acontecimientos concurrentes. Se revisa qué información procede del relato, de registros o de un informante. Si el ánimo bajo precedía claramente al aumento del consumo, se debilita una explicación exclusivamente originada en ese aumento, aunque todavía puede existir contribución al mantenimiento. La precedencia aporta información sin resolver por sí sola toda la atribución.
Si durante el seguimiento cambian varias condiciones al mismo tiempo, resulta difícil atribuir la mejoría a una sola. Por ejemplo, reducir consumo, recuperar sueño y disminuir conflicto pueden coincidir. La evolución es clínicamente valiosa, pero no constituye un experimento controlado. La nota debe describir los cambios observados y conservar cautela acerca de cuál fue determinante.
El plan puede seguir siendo útil aun cuando la atribución exacta permanezca abierta. Se atienden necesidades fundamentadas y se vigilan resultados pertinentes. Si un componente no mejora como se esperaba, se revisan hipótesis y condiciones concurrentes. La complejidad no impide decidir; exige que la justificación y las oportunidades de revisión sean explícitas.
Consecuencias para interpretar ensayos clínicos
La heterogeneidad de una muestra puede modificar el promedio de respuesta y su aplicabilidad. Debe revisarse qué comorbilidades fueron excluidas, qué gravedad predominó y qué tratamientos concomitantes se permitieron. Un ensayo con criterios restrictivos puede estimar un efecto bajo condiciones definidas sin representar toda la diversidad de pacientes atendidos en la práctica.
Las diferencias entre subgrupos requieren análisis apropiados. Observar que un tratamiento fue significativo en un grupo y no en otro no demuestra por sí solo que los efectos sean distintos; se necesita evaluar la diferencia entre efectos y su incertidumbre. Las comparaciones exploratorias múltiples también pueden producir resultados inestables. La interpretación clínica debe considerar si el hallazgo fue previsto, replicado y suficientemente preciso.
La aplicabilidad individual se construye relacionando el paciente con la población estudiada, no suponiendo que compartir etiqueta asegura equivalencia. Edad, curso, condiciones médicas, preferencias y exposición previa pueden ser relevantes. Cuando la evidencia es indirecta, se explicita esa limitación y se planifica seguimiento del beneficio y del daño, manteniendo objetivos observables.
Autoevaluación razonada
1. ¿La heterogeneidad demuestra que una categoría es inútil? No. Limita algunas inferencias y obliga a especificar para qué función se utiliza. Puede conservar valor comunicativo o clínico mientras se investigan subgrupos, dimensiones y mecanismos.
2. ¿Dos diagnósticos simultáneos implican dos causas independientes? No. Pueden coexistir procesos diferentes, compartir factores, influirse o reflejar parcialmente solapamiento y selección. La relación requiere evaluación adicional.
3. ¿Un factor de riesgo determina el desenlace individual? No. La asociación es probabilística y puede depender de múltiples condiciones. Deben distinguirse vulnerabilidad, causalidad y trayectoria observada, evitando determinismo retrospectivo.
4. ¿Qué mejora una formulación biopsicosocial? Especificar relaciones con evidencia, alternativas y condiciones de revisión. Enumerar niveles sin explicar cómo contribuyen no proporciona por sí mismo una hipótesis causal útil.
Referencias seleccionadas
- Fried EI, Nesse RM. Depression is not a consistent syndrome: an investigation of unique symptom patterns in the STAR*D study. J Affect Disord. 2015;172:96–102. doi:10.1016/j.jad.2014.10.010.
2. Krueger RF, Markon KE. Reinterpreting comorbidity: a model-based approach to understanding and classifying psychopathology. Annu Rev Clin Psychol. 2006;2:111–133. doi:10.1146/annurev.clinpsy.2.022305.095213.
3. Cicchetti D, Rogosch FA. Equifinality and multifinality in developmental psychopathology. Dev Psychopathol. 1996;8:597–600. Texto editorial.
4. Kendler KS. The dappled nature of causes of psychiatric illness: replacing the organic-functional/hardware-software dichotomy with empirically based pluralism. Mol Psychiatry. 2012;17:377–388. doi:10.1038/mp.2011.182.
5. Cross-Disorder Group of the Psychiatric Genomics Consortium. Genomic relationships, novel loci, and pleiotropic mechanisms across eight psychiatric disorders. Cell. 2019;179:1469–1482.e11. doi:10.1016/j.cell.2019.11.020.
6. Caspi A, Houts RM, Belsky DW, et al. The p factor: one general psychopathology factor in the structure of psychiatric disorders? Clin Psychol Sci. 2014;2:119–137. doi:10.1177/2167702613497473.
Jonathan Alarcón C., ed. Heterogeneidad, comorbilidad y complejidad causal. Docencia en Psiquiatría. Revisión 23.09.2026. https://portal-docencia-psiquiatria-uc-hlf.pages.dev/becados/nosologia-juicio-clinico/heterogeneidad-comorbilidad-y-complejidad-causal/